Día tras día

Espíritu nacional

El 12 de octubre cumplió su objetivo: demostrar la unidad de la patria

14.10.2015 | 00:26
Espíritu nacional

El 12 de octubre de este año de gracia -esperemos- de 2015 traía unas connotaciones especiales tras las elecciones de Cataluña en las que, aunque sean menos, los independentistas arropados en su burda parafernalia de guardarropía prometían a los suyos, tras conseguir el mayor número de votos, iniciar un proceso secesionista. Que jamás se llevará a cabo, pese a tanto reto y desafío.

Iba a ser, y ha sido, este día de la fiesta nacional española una reivindicación del espíritu de integridad y unidad de la patria, que nadie podrá romper por mucho fanatismo que haya detrás. Ese ha sido el objetivo principal de la celebración en su doble vertiente, tanto en el desfile militar como en la posterior recepción de los reyes a l.500 invitados al Palacio de Oriente.

Objetivo cumplido, por lo demás, exaltación de un día de todos y para todos, la derecha, el centro y la izquierda. Azaña y Largo Caballero, por ejemplo, siempre presumieron e hicieron gala de ser muy españoles. Casi un 75 por ciento de compatriotas confesaba ahora en una encuesta su hondo sentimiento nacional. Una mayoría absoluta. Aunque no tengamos letra para el himno y aunque no lo escuchemos con la mano en el corazón, como los americanos, pero sí con respeto y emotividad.

Salvo los que ya sabemos, los de la independencia, los que no estuvieron ni en la brillante parada militar ni en la recepción real. Catalanes y vascos, especialmente aunque no los únicos. Más de 3.500 hombres y mujeres participaron en el desfile mientras medio centenar de aeronaves surcaban el cielo de Madrid. No hicieron acto de presencia ni Urkullu, el lendakari vasco, ni Mas, el mesías catalán al que ahora sus aliados separatistas se niegan a reconocer como líder del loco camino iniciado, un camino sin salida. Sí estuvo la alcaldesa de Madrid, Carmena, pero no Colau, la de Barcelona. Y es que todavía hay clases.

Por cierto que la populista y activista catalana se salió con que era un disparate celebrar el genocidio de los indios de América. No se debe haber enterado de lo que desde hace mucho se conmemora no es el día de la raza, ni de la Hispanidad, como se denominaba antes -y aunque la celebración se siga extendiendo, por supuesto, a aquellos hitos que marcan la historia de España- sino la fiesta nacional. Otro alcalde de Podemos, el de Cádiz, también conocido por sus peculiaridades, se unió al coro.

Y desde luego, su líder, Pablo Iglesias, que después de protestar por no haber recibido invitación, lo que no era cierto, no acudió a la recepción de los reyes, tal vez por no querer mezclarse con la casta política, incluida la otra izquierda. No es de extrañar que sigan bajando en las encuestas. A unas elecciones hay que presentarse con ideas y estrategias y posturas claras y definidas.

Lo importante es que ha quedado fielmente expresado de manera común a través de esta anual celebración el espíritu incólume de la unidad patria. Y hasta en la misma Barcelona, cuna del separatismo catalán, casi 5.000 personas llegadas de toda España se manifestaban contra la independencia. Fiesta total la de este pasado 12 de octubre.

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