11 de octubre de 2015
11.10.2015
editorial

Zamora necesita a las mujeres del campo para ganar futuro

11.10.2015 | 00:23
Zamora necesita a las mujeres del campo para ganar futuro

El congreso nacional de mujeres rurales celebrado ayer en el Teatro Ramos Carrión por la Confederación de Familias y Mujeres del Medio Rural (Afammer) vuelve a traer a primera página la problemática de un sector de la población que, en Zamora, tiene una importancia transcendental. No es casualidad que se haya celebrado aquí y que al mismo hayan asistido las vicepresidentas del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, y de la Junta de Castilla y León, Rosa Valdeón. Esta comunidad, con más de dos mil municipios, es la más rural de España y esta provincia se lleva la palma dentro de la región.

Las administraciones, por fin, empiezan a ser conscientes de que del colectivo de mujeres rurales depende el futuro de un ámbito sobre el que se está cebando de manera descarnada el problema de la despoblación. Zamora lleva tres décadas perdiendo una media anual de 1.500 habitantes, sangría que se ha cebado con especial incidencia en los municipios más pequeños. Estudios demográficos demuestran que la emigración femenina ha acelerado el vaciamiento de los pueblos. Las caravanas de mujeres organizadas en algunos núcleos de población, al margen de su componente mediático y popular, es un fenómeno que escenifica el problema y lo lanza sobre la opinión pública nacional.

Es una realidad que las mujeres se van más de los pueblos que los hombres, como se puede constatar en los padrones de los municipios zamoranos de los últimos cincuenta años. Y eso es así porque no encuentran las condiciones de vida adecuadas, ya que ni la sociedad en general ni las administraciones se han preocupado de facilitárselas. Resulta chocante, sangrante y, sobre todo injusto, que hasta 2012 las mujeres no pudieran optar a la titularidad compartida de las explotaciones agropecuarias. Es solo un ejemplo de la discriminación a la que ha estado sometida -y está- el colectivo femenino que vive en el ámbito rural.

El congreso de ayer dejó muy claro que es necesario un apoyo especial de las administraciones a las féminas que viven en los pueblos. El Consejo de Ministros del viernes aprobó el Plan para la Promoción de las Mujeres del Medio Rural, que incluye 83 acciones concretas. Aunque el presupuesto de este programa es corto, 23,1 millones de euros, supone la primera apuesta clara por una parte de la población con una problemática concreta, que está demandando una atención especial. La discriminación positiva es en este colectivo más necesaria que en ningún otro. En los últimos años, y a pesar de que la pérdida poblacional no ha cesado, han empezado a surgir iniciativas de desarrollo en el medio, muchas de ellas dirigidas por mujeres. En el apoyo a las emprendedoras es donde deben volcarse los Gobiernos porque en los pueblos, además de agricultura y ganadería, hay otros muchos yacimientos de empleo en los que la mujer tiene mucho que decir.

La mujer rural siempre ha trabajado en la sombra. En las labores agrícolas y ganaderas ha estado, injustamente, oscurecida por el hombre, que es quien ha ostentado la titularidad y el control de las explotaciones. Desde hace tres años, la situación legal se ha modificado, aunque los datos demuestran que está costando mucho adaptarse a los cambios introducidos. En Castilla y León, poco más de 60 mujeres han accedido a la propiedad compartida y en el total de comunidades autónomas españolas no llegan a las 160. Los trámites administrativos y los comportamientos machistas están poniendo muchos obstáculos a la normalización de la situación.

Hay otro aspecto que es imprescindible hacer aflorar en al ámbito rural. Es el de la violencia doméstica, más presente, si cabe, que en el ámbito urbano, pero mucho más oculta. Es necesario acabar con el miedo y lo que es peor, con el silencio cómplice que tanto daño hace a muchas mujeres, maltratadas por sus parejas e incomprendidas por muchos de sus vecinos. La sociedad debe facilitar los medios para que las maltratadas denuncien sin miedo a represalias y también la educación en los colegios para cambiar determinados conceptos que tanto daño hacen.

Si queremos auspiciar el desarrollo económico de los pueblos, parar la sangría poblacional e incentivar su desarrollo económico y social, es necesario facilitar la vida a las mujeres que residen en los pueblos, pero también poner en marcha un programa de incentivos de todo tipo para propiciar que las que se han marchado vuelvan y que otras, procedentes de las ciudades, se establezcan e inviertan el declive que viven los municipios pequeños.

No ha podido tener mejor estreno el Teatro Ramos Carrión como centro de congresos que con el encuentro de ayer de más de 700 mujeres rurales. Se pudo comprobar que el colectivo femenino tiene ideas e iniciativas de sobra para cambiar la situación de depresión en la que se encuentran inmersos los pueblos. Las administraciones tienen la obligación de apoyar sus proyectos para que puedan concretarse en realidades. Sáenz de Santamaría y Valdeón, seguro, tomaron buena nota.

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