Zamoreando

Mal asunto

Los inconvenientes de las nuevas tecnologías

07.10.2015 | 09:48
Carmen Ferreras

Lo es eso de ir permanentemente conectado al móvil, como si de un apéndice más de nuestra mano y de nuestra oreja se tratara. Las nuevas tecnologías tienen sus ventajas, sin duda alguna, pero también cuentan con inconvenientes, muchas veces perjudiciales para la salud del usuario. El neurólogo Thomas Südhof, premio Nobel de Medicina, asegura que los teléfonos inteligentes generan un estrés continuo con consecuencias patológicas como el conocido "burn-out" o síndrome de agotamiento.

El móvil es una gozada pero también un incordio. No respeta ni la hora del trabajo ni la de las abluciones matutinas, ni el asentamiento cotidiano en el inodoro, cuando tiene que sonar, suena y allá tú y tu conciencia si quieres o no quieres contestar, que esa es otra. La verdad es que el móvil no tiene la culpa. La culpa la tienen quienes creen que cualquier hora es buena para pegar la hebra y les importa un bledo la siesta, la cena, el trabajo o cualquier otro hábito personal y, para más señas, intransferible.

Este científico, profesor de la universidad de Stanford, asegura no sentirse sorprendido de que se haya elevado tanto el número de personas enfermas de "burn-out". La culpa la tiene la forma de vivir de hoy en día. Entre acelerones, falta de tiempo, prisas y apenas tiempo para dedicárselo a uno mismo, en la paz, en la tranquilidad, sin el agobio de ese y de otros aparatos que nos facilitan las cosas, sí, pero nos complican la salud.

Cada vez son más las personas, sobre todo jóvenes, que confiesan su adicción al móvil, que admiten la imposibilidad de vivir sin ese aparato que cada vez cuenta con más aplicaciones, es decir, son personas que están abocadas a la conectividad permanente. Y ahí es justamente donde radica el peligro, en las 24 horas del día en que el teléfono se convierte en adictivo.

Lo suyo sería imponerse límites como aconseja el propio científico. Solo que nos falta voluntad, solo que no tenemos carácter suficiente para dar de lado al móvil y utilizarlo solo cuando hace falta, tanto para llamar como para recibir llamadas. Y luego está lo del WhatsApp. Ahora, en lugar de hablar, mensajeamos. Servidora, como ve poco se inventa en cada mensaje un idioma nuevo a base de utilizar letras que nada tienen que ver con la palabra que pretendo, pero, oiga, el destinatario lo entiende. Lo cierto es que no me gusta eso de los mensajes de texto, como no me gusta el acoso al que el móvil me somete en lo cotidiano.

Desde que el móvil habita entre nosotros, hemos dejado de estar ilocalizables, casi permanentemente de guardia y a través del correo electrónico nos traemos el trabajo a casa e incluso al ocio, tan necesario por otra parte. Eso conduce a un estrés continuo que, al parecer, genera transformaciones en el cerebro. De ahí que sea menester realizar pausas.

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