De Muelas al tejedal de Requejo

Una excursión desde el corazón de la Carballeda a Sanabria

02.10.2015 | 08:48
Juan Carlos Argüelles

Sin duda, los senderos de la Carballeda distan mucho de ser infinitos -como los caminos del Todopoderoso-, pero desde luego dan mucho juego. Este caluroso verano ya pretérito, la entrañable e intrépida saga de "los Camafeita", junto con sus arrimados por vía conyugal o afectiva, hemos añadido un nuevo "ocho mil" a nuestro ya largo y meritorio historial de rutas senderistas conquistadas a través de los parajes carballedano-sanabreses. Se trata de una excursión accesible a cualquier edad: en este caso, tres generaciones "Camafeita" se apuntaron a la empresa. Tampoco hacen falta grandes madrugones, partiendo de Muelas de los Caballeros con los tibios rayos de sol disolviendo el rocío, la expedición se dirigió al Tejedal (o Tejedelo) de Requejo.

Una vez en el pueblo, el acceso al paraje es inmediato a través de una pista polvorienta, cuyo mayor trastorno consiste en dejar los vehículos perdidos de polvo, nada que no solucione un buen manguerazo. Además de calzado y bastón, pertrecharse con agua fresca y un puñado de frutos secos o un plátano es suficiente para sostener el recorrido. Desde el promontorio inicial se observa enfrente el túnel y las obras del AVE que cruza la geografía zamorana en dirección a Galicia; y que algunos esperan servirá de revulsivo económico para la zona (ya veremos?). La subida descubierta desemboca en un frondoso robledal que proporciona sombra y frescor; la súbita aparición de los robustos tejos milenarios resulta espectacular. Árboles enormes, de copa ancha y abundantes hojas lanceoladas. Su crecimiento es lento y paciente como la idiosincrasia de esta tierra, generando troncos anchos y nudosos con apariencia de frondosas raíces aéreas por la estratificación de sucesivas capas leñosas.

Mientras tomábamos innumerables fotos, fascinados por la contemplación de esa maravilla conservada al abrigo de la codicia humana, un corzo que merodeaba entre los tejos, cruzó veloz sendero abajo, quizá buscando un riachuelo donde refrescarse. Diversos paneles jalonados a lo largo de la ruta informan de las características del ecosistema, considerado uno de los más importantes del noroeste peninsular. Resaltan las saludables propiedades curativas del tejo que convive pacíficamente con el roble, santo y seña del lugar. El recorrido prosigue hasta "el mirador", donde con el auxilio de unos prismáticos se puede otear el incomparable paraje carballedano. El camino de regreso transita a través de un espeso manto de helechos verdes. Según el ritmo de andadura y la frecuencia de paradas para fotografías y menesteres diversos, entre dos y tres horas puede usted, amable lector/a, completar una magnífica marcha campestre, que le reportará salud y satisfacción a partes iguales.

Naturalmente, el colofón obligado proviene de un almuerzo moderado en alguno de los resultantes anexos. Con buen criterio, Requejo ha dispuesto una especie de represada playa fluvial para sacudirse sofocos andariegos, aunque algunos hubiéramos preferido un lecho acomodado para la siesta reparadora. Este agosto ha sido pródigo en otras marchas carballedanas, como la exploración preliminar hasta la caseta de Justel y el monte de Velilla que, si procede, ya les contaré en otra oportunidad.

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