La columna del lector

Ojito, señor Mas, con el río Ebro

25.09.2015 | 00:27

Tradicionalmente, las clases dirigentes y políticas catalanas, han tendido a considerar que todo lo que geográficamente está dentro de un radio de mil kilómetros de Barcelona pertenece a Cataluña, incluidos por supuesto los territorios de Aragón, por mucho que hace unos cinco siglos Cataluña entera fuera parte de la Corona de Aragón que Fernando el Católico fusionó con la Corona de Castilla, formando la moderna España, en la que lógicamente está incluida Cataluña. En una estrambótica interpretación de la historia el río Ebro perteneció y pertenece a Cataluña; y cuando se planteó la posibilidad de hacer un transvase del Ebro desde su desembocadura en Tortosa hasta las tierras de Levante, Cataluña entera ardió en santa ira y amenazando al gobierno de España con los males del infierno logró -con la colaboración del miedo que siempre atenaza a los políticos de Madrid cuando de Cataluña se trata- de que se archivara ese asunto. En honor a la verdad hay que decir que en este caso Aragón estaba de parte de Cataluña, anda a saber por qué. Hay un viejo pleito de Zaragoza con Madrid a cuenta de la malísima distribución del regadío en Aragón a pesar de contar con uno de los más caudalosos ríos de España que la atraviesa de parte a parte.

Ahí se acabó en aquella ocasión el asunto. Entre tanto Cantabria, que en teoría podría decirse que es la única región con algún hipotético derecho de propiedad sobre el Ebro, puesto que allí nace el río, se tomó medio a broma el absurdo pleito. Y dicen las malas lenguas que se decía en Santander en tono de coña, que como Cataluña siguiera tocándoles las narices iban a subir una docena de amigos al Pico de Tres Mares provistos de picos, palas y unas cuantas botas de vino y en tres días desviaban el Ebro a tierras de Castilla y Portugal, y ahí se solucionaban los problemas sobre quién manda en el Ebro.

Cuidado señor Mas, cuidado; que las gentes que viven en las riveras del Ebro son excelentes pero que a las malas le iban a dar a usted más disgustos de lo que se imagina.

Manuel Echanove (Zamora)

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