Un golpe sobre la mesa

La actual conjura de los idiotas que gobiernan el mundo desarrollado tiene los días contados

18.09.2015 | 23:56
Un golpe sobre la mesa

Me cuenta un sindicalista que los pensionistas de Zamora iban antes a su caja de ahorros, a principio de mes, y pedían doscientos euros o por ahí. Y rara vez tocaban el resto. Acostumbrados a la austeridad extrema, sobreviven con poco. Y preferían guardar para tiempos más duros. Ahora, sin embargo, los pensionistas, o muchos de ellos, acuden a la ventanilla en cuanto está la pensión y la piden en su totalidad. ¿Ya no quieren guardar para tiempos más duros? ¿Han llegado los tiempos más duros? ¿No pueden sobrevivir sin la totalidad de su paga, que en Zamora tampoco es nada alta; 743 euros de media? No, nada de eso. Esos pensionistas, muchísimos de ellos, tiene que gastar cada mes la totalidad de su pensión porque con ella vive más gente; sus hijos, por ejemplo, que han tenido que volver con la familia a la casa paterna, sin ingresos y derrotados por una sociedad desquiciada.

Las menguadas y menguantes pensiones, esas que el Gobierno no para de reducir de modo disimulado; esas que los neoliberales quieren eliminar de modo descarado; esas que están en el punto de mira de todos los planes de "austeridad" (o robo de pobres a cargo de ricos)? Esas menguadas y menguantes pensiones resulta que son el último colchón económico de las familias arruinadas por eso que Warren Buffet (uno de los hombres más ricos del mundo) denominó "la rebelión de los míos". ¿Qué pasará cuando esos imbéciles trajeados que gobiernan el mundo desarrollado alcancen sus últimos objetivos y deje de haber pensiones, además de Sanidad y Educación públicas? ¿Tendremos un mundo mejor, más próspero, con más riqueza? La respuesta es tan obvia y sangrienta, que más vale obviarla. Además, no ocurrirá. La actual conjura de los idiotas, pese a su marcha triunfal, tiene los días contados, aunque antes de ser derrotada causará aún infinito dolor y no pocas muertes (porque la pobreza mata, aunque algunos lo nieguen).

Lo que está claro es que no pueden ganar por un razón sencillísima: los beneficiados son muy pocos; los perjudicados, la inmensa mayoría de la población. Algún día se estudiará esta época como una anomalía histórica en la que una élite movida solo por la codicia sin freno y obviamente sicópata (puesto que carece de capacidad para identificarse con las víctimas) sojuzgó a millones de personas, mediante una teoría descerebrada que defendían con pasión legiones de voceros muy bien pagados y de gobernantes sumisos. La riqueza solo lo es y da la felicidad si se acierta con un reparto equilibrado y razonable, que cumpla dos premisas al menos: que todo el mundo tenga lo básico para sobrevivir y que existan estímulos para que hagan más quienes más puedan hacer. No es ninguna utopía. Ha habido etapas en las que, al menos en Europa, se ha rozado ese equilibrio razonable. Y existen países aún donde eso existe, al menos en un alto porcentaje.

Lo que nunca ha ocurrido en la Historia es que haya habido sociedades felices o funcionales, cuando la riqueza solo existe para una ínfima minoría, mientras la mayoría las pasa canutas o directamente no sobrevive. Estamos siendo llevados hacia ese desastre. Y asusta la ceguera de los grandes partidos tradicionales, incapaces de ver a las 9.000 familias zamoranas que carecen de ingresos: de ninguno. Incapaces de conmoverse con los abuelos que dejan de comer para que coma la familia de sus hijos. Incapaces de salir de la rutina mental, parar de una vez la construcción de pirámides y dar una vuelta radical a nuestras prioridades colectivas: primero que coma la gente y después, si sobra algo, ya vemos. ¿Tan difícil es de entender? ¿Tanto se ha extendió la sicopatía en política? ¿Qué es eso de seguir prometiendo, como si tal cosa, autovías, AVEs o Teatros de la Ópera mientras haya familias sin un céntimo, mesas sin pan, pueblos sin médico ni maestro y abuelos estirando hasta el infinito su escasa pensión? ¿Qué es eso de mantener carísimos pesebres públicos sin otra función que dar forraje gratis a políticos y enchufados sin nada que hacer? ¿Se gobierna para la gente o para ese ganado?

Urge un golpe sobre la mesa, para que las piezas de este interminable y estéril ajedrez caigan al suelo. Hay que acabar con la chorrada del "quítate tú, para que me ponga yo", que es la alternancia bipartidista tradicional. Hay que ir al "quitaos de ahí porque no tenéis ni idea de lo que le pasa a la gente a la que fingís representar". Es urgente que quienes se hacen cargo de lo común gobiernen para la mayoría y no para sí mismos o para la minoría imbécil del dinero sin fin. Y en eso los de Podemos sí que somos radicales e incluso extremistas. No nos queda otra. La gente, por la calle, nos lo dice con claridad:

-¡No aguantamos más! ¡Daos prisa, por favor...!

(*) Secretario general de Podemos Zamora

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