El cuento de las cuentas (generales)

Fábula ilustrativa sobre lo que es un presupuesto y lo que corresponde a gastos e ingresos reales

18.09.2015 | 09:22
Francisco Molina

Don Segismundo Seisdedos de la Mano tenía previstos unos ingresos y decidió que con ellos, él y su familia, iban a ir de vacaciones a la montaña (contra la opinión de su hijo mayor, Jaimito, que prefería ir a la playa por eso del top less y la edad, adolescente perdido).

Don Segismundo calculó lo que podía valer cada cosa, vio que podían permitirse el lujo y allá se fueron. Es decir, hizo un "presupuesto" de posibles ingresos y posibles gastos, y como le cuadraban las cosas salieron hacia la montaña en la fecha prevista.

Al regresar, tras unos tranquilos y bucólicos días en plena naturaleza, don Segismundo decidió hacer cuentas de lo que realmente habían tenido para el viaje (ingresos) y lo que realmente habían gastado (gastos).

Entonces, como le habían sobrado unas decenas de euros le mostró orgulloso a su señora e hijos las cuentas del veraneo, para que con regocijo las "aprobaran".

Y así fue, porque todos estaban felices y la contabilidad quien la llevaba era el padre de familia, que además no solía equivocarse en las sumas y las restas.

Bueno, el único que no las aprobó, aunque disfrutó del verano, fue Jaimito, enfurruñado porque no habían ido a la playa, pero no porque las cuentas (ingresos y gastos) estuvieran numéricamente mal.

En verdad en verdad os digo, queridos lectores, que así es lo que ocurre en las instituciones (por ejemplo en el Ayuntamiento de Zamora). Una cosa es lo que se presupuesta cada año (distribución imaginaria de ingresos y gastos que va a haber) y otra es la llamada cuenta general (contabilidad de lo realmente ocurrido, en cuanto a ingresos y gastos). Por tanto, cuando se está en la oposición, el votar que no a la cuenta general de cierto año es un acto de "postureo" para, como Jaimito, decir otra vez que no a la política de quien manda pero nada más.

Lo estrictamente correcto es votar que sí a la Cuenta General de cada año. Salvo que se descubra una suma mal hecha o una cantidad falsa, cosa que no suele darse porque exigiría un estudio exhaustivo de la misma por parte de los políticos.

En definitiva, la Cuenta General es como la radiografía de un paciente. No porque indique la misma que el enfermo tiene 7 costillas rotas está mal. Al contrario, la radiografía es perfecta (por lo que hay que votarla que sí), aunque nos indique que quien está mal es el paciente.

Sirva esto para incrementar el grado de conocimiento de una sociedad cada vez más politizada y con ganas de saber.

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