editorial

Lo mucho que pierde el mundo rural, cuando una escuela se cierra

12.09.2015 | 23:40
Lo mucho que pierde el mundo rural, cuando una escuela se cierra

El sonido de la vida se escapa en los pueblos zamoranos a lo largo del mes de septiembre. Lo hace, primero, con la marcha de los miles de emigrantes que prestan, durante los meses de verano, la dinamización perdida por culpa de la despoblación. Y se agrava ahora, cuando se inicia el curso escolar. Por cada colegio que se cierra en un pueblo, se pierde el ruido de los niños jugando, despertando cada mañana por las calles camino de la escuela.

Eso es lo que ha ocurrido, un año más, en San Agustín del Pozo y Santibáñez de Tera. Especialmente relevante es la continua pérdida de habitantes en los pueblos de Los Valles durante los últimos años, 200 menos en el caso de Santibáñez en solo una década. Los colegios rurales que aún mantienen la ratio mínima de alumnos se convierten en auténticos desafíos para los docentes que se hacen cargo de ellos, ya que se ven obligados a impartir diferentes niveles de materia en la misma aula. En el caso contrario, cuando el desplazamiento se convierte en inevitable, la Consejería de Educación debe hacer frente a un gasto que en Zamora supone un desembolso anual de 1, 5 millones de euros en dos centenares de rutas para más de 3.600 estudiantes del medio rural, más del 16% de los 22.000 alumnos de los distintos ciclos obligatorios en toda la provincia. Rutas que, además, este año, se estrenan en la modalidad "integrada", o lo que es lo mismo, que en un mismo vehículo viajarán escolares y otros vecinos que precisen, igualmente de transporte, en lo que parece un intento de rentabilizar la prestación por parte de la Junta de Castilla y León.

A ello deben añadirse otros 4,8 millones que cuesta el mantenimiento de 53 comedores escolares para 1.900 niños, el 80% de los cuales reciben algún tipo de ayuda. En resumen, la dispersión poblacional sale muy cara al conjunto de los ciudadanos que nutre a las arcas públicas, ni siquiera supone un gran ahorro cuando se cierran las aulas de los pueblos. La Educación, o mejor dicho, la ausencia de acceso a un derecho fundamental, se convierte así en uno de los primeros motivos que impulsa a las parejas jóvenes y sus hijos a desplazarse, con suerte, a la cabecera de comarca, sin ella a la ciudad más próxima, dentro o fuera de la provincia.

Esta misma semana, el Consejo Económico y Social de Castilla y León hacía hincapié en la necesidad de garantizar la igualdad en la Educación, al tiempo que instaba a las administraciones a incrementar recursos en becas y otros tipos de ayuda para evitar lo que ya parece innegable: la brecha social entre quienes peor han pasado la crisis y quienes no han visto mermadas sus oportunidades. Si a este hecho se le añade la variante del entorno en el que el niño crece y se desarrolla en etapas fundamentales para su vida, entonces haremos bien en plantear hasta qué punto esa misma brecha no tiene incidencia directa entre quienes habitan en una ciudad y quienes lo hacen en alguno de los más de doscientos pequeños pueblos que conforman una provincia como Zamora.

Resulta, pues, fundamental, que exista un apoyo a través de medios suficientes a los docentes encargados de paliar esa desventaja entre quienes provienen del mundo rural frente a los niños de ciudad, una situación que creíamos resuelta y que ahora corre el riesgo de reproducirse.

Porque, en definitiva, la educación es la base de una sociedad libre y desarrollada. Escatimar medios y crear barreras económicas a su acceso es incompatible con los valores propios de una democracia. No son concebibles más recortes, suavizados este año ante la inminente convocatoria de las elecciones generales. Esos más de seis millones que la Administración regional desembolsará directamente en transporte y en comedores puede parecer una suma alta, pero es el equivalente en euros, por ejemplo, a solo dos de las necias inversiones de los años del despilfarro cuyas consecuencias pagamos todos, como los frustrados edificios del Ayuntamiento de Zamora y del Palacio de Congresos.

Esperemos que ante los nuevos tiempos que, sin duda, se iniciarán a finales de este año, los responsables políticos hayan aguzado su sentido de la responsabilidad. Y sean capaces, también, como demandan los agentes sociales de Castilla y León, de llegar a un pacto de Estado sobre una materia tan sensible, puesto que otro de los elementos de innovación de este año es la aplicación de la Lomce, que ni siquiera gusta a los Gobiernos del mismo signo político del partido en el Gobierno que la aprobó. Ese es el caso de la región, donde la Junta anunció que la implantaría "con prudencia" y, de momento, solo en los niveles pares de Primaria. Sin ese pacto urgente y necesario que ponga fin a un desorden secular en materia de enseñanza en España, tal vez nos enfrentemos a nuevos derroches y a políticos que justificarán el cierre de más aulas rurales en pro de una rentabilidad que se olvida rápidamente cuando se legisla desde los despachos.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine