Día tras día

De la mano

Zamora espera ese necesario impulso para lograr el despegue de su economía

09.09.2015 | 08:52
Juan Jesús Rodero

A principios de la década de los ochenta, unos pocos años antes de venir a Zamora para dirigir El Correo, hice un viaje desde Valladolid a Braganza, en la raya portuguesa, que me hizo pensar en algún momento si no habría entrado sin querer en el túnel del tiempo. En todo caso sí que llegue a temer haberme pedido, pese a lo fácil de la ruta, ante la soledad y el estado de tercermundismo que presentaban las carreteras de una provincia a la que me sentía enraizado por ser la tierra de mi madre.

Al final de la odisea, y ya de regreso, pasé por la capital zamorana y continué viaje después de comer en el Parador. Era un día festivo, a finales de junio, con un calor de bochorno y las calles de la zona vieja de la ciudad aparecían casi desiertas. Hasta que de repente hube de reducir la velocidad del coche y marchar despacio tras un grupo colorista y animado, ataviado con trajes típicos, que entonaba cánticos y bailes folklóricos tradicionales, pese a la práctica ausencia de espectadores. Luego supe que era la fiesta de San Pedro, el día grande de las ferias y fiestas anuales de Zamora. Cuando tuve paso, dejé atrás aquella estampa y aceleré hacia mi lugar de origen, sin poder pensar que regresaría tres años más tarde para hacer de la provincia zamorana mi destino ya para siempre.

Paseando por la ciudad estos días de las ferias de septiembre, que cuentan con un programa muy variado y repleto de alicientes y que confirman un año más que su celebración es una buena idea por cuanto supone de cierre festivo de la etapa veraniega, se puede tener una sensación semejante, la de hallarse en otra época, en especial si el paseo se lleva a cabo por las calles y plazas del casco histórico, con su mercado medieval, la procesión y la ofrenda a la Virgen patrona, y la presencia activa de diversos grupos que cantan y danzan el folklore más genuino y ancestral de la tierra ante espectadores que premian con aplausos agradecidos y sinceros las actuaciones. Es la Zamora de antaño que será la Zamora de siempre, porque el progreso y el desarrollo no tienen porqué hacer menguar o incluso hacer desaparecer las tradiciones como ha ocurrido en otros sitios como pago a la industrialización.

Porque solo unos pasos más adelante, lo más seguro es encontrarse, en estas fechas festivas, con otras citas populares que son una muestra de que la modernidad llegó hace tiempo también a Zamora y que de ella participa, lógicamente, la juventud, pero no solo ella. Festivales musicales pop con lo último de lo último y espectáculos callejeros para toda clase de públicos, lo que proporciona un aire dinámico y un aspecto más vital a la ciudad en estos primeros días de septiembre. Una animación muy visible. Tradición y modernidad de la mano. La provincia, sus carreteras, son ahora mismo, por fortuna, algo bien distinto a hace tres décadas y lo mismo sus ciudades y pueblos, aunque marcados por una despoblación constante que la crisis ha agudizado. Lástima que a la hora de la verdad, a la hora de los datos económicos y sociales, falte ese impulso necesario para el despegue que siempre se espera, que siempre pregonan los políticos para pedir el voto, pero que no acaba de llegar y que tanto limita el futuro.

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