Día tras día

Un acoso furibundo

Ni el Madrid ni el Manchester tenían mucho interés en culminar la operación De Gea

07.09.2015 | 09:33
Juan Jesús Rodero

F ue, la semana pasada, la culminación, la apoteosis con pasarela del todos contra el Real Madrid, porque la documentación cruzada con el Manchester United para el traspaso del portero David de Gea al club blanco, en el último día para la inscripción de jugadores, llegó fuera del plazo marcado por las estrictas normas vigentes impuestas, y el fichaje, que incorporaba el pase del meta madridista Keylor Navas al equipo inglés, finalmente no se pudo llevar a cabo.

Como todo lo relacionado con el Madrid, la reacción fue desmedida, absolutamente desproporcionada, y oportunamente aprovechada. Al día siguiente las portadas de los medios deportivos aparecían con titulares como "Ridículo planetario", "Florentinazo" y otros similares. ¿Eran los diarios catalanes, eternos enemigos de los eternos rivales del Barcelona? También, pero sobre todo eran los periódicos, radios y televisiones de la capital de España los que demostraban mayor encono y los que hacían más sangre contra Florentino Pérez, el presidente del Real al que antes auparon -¿cómo olvidar sus galácticos: Figo, Zidane, Ronaldo, Cristiano, Modric, Bale, y tantos más?- y ahora llevan años intentando defenestrar como sea y a costa de lo que sea. No pudieron hacerlo utilizando a Casillas, el niño mimado sospechosamente por los medios cuando no era ya más que una reliquia del santo que fue, y al que club madridista paga casi completa la ficha para que juegue en el Oporto y gracias, porque nadie le quiso, y reinician el acoso, una vez más, por un simple error burocrático, orquestando una furibunda campaña contra el presidente del club basada en intereses bastardo o en el corporativismo. Normal en un país cainita, donde tan pronto se ama como se aborrece y no se perdona al que destaca.

Lo que ha pasado con De Gea y Navas no es algo inédito, sino todo lo contrario: algo que se repite cada 31 de agosto, fin del plazo de inscripción de nuevas contrataciones. Este mismo año ha ocurrido un caso similar en la Liga italiana. Al Betis le pasó lo mismo el año anterior. Y al Valladolid, que hace dos o tres años tuvo que soportar perder a un delantero en quien se habían depositado muchas esperanzas por llegar la documentación un minuto después de las doce de la noche. Asuntos que indignaron a las aficiones correspondientes pero nada más. Para el Madrid, además, el fichaje frustrado no es un problema pues tras la marcha de Casillas su portería había quedado muy bien cubierta. Naturalmente, los españoles han culpado a los ingleses y los ingleses a los españoles. Pero la sensación más común es que ninguno de los clubes tenía demasiado interés en rematar la operación: el Manchester porque quiere contar con De Gea, y el Madrid porque sabe que puede hacerse con el portero la temporada próxima sin pagar los 30 millones de euros que costaba ahora, al quedar libre. Ya se verá lo que ocurre.

Eso ha sido todo, por mucho que interesadamente el asunto se haya desbocado contra Florentino, mientras se cuida y trata con guante de seda al Barcelona, ese club con el presidente imputado, con jugadores evadiendo impuestos, y cuyas peligrosas amistades políticas se minimizan cuidadosamente.

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