Motu proprio

Alimentemos buenas sensaciones

Lo que domina es el miedo a no ser bien mirados en el entorno más cercano

04.09.2015 | 08:37
Manuel A. Prieto Peromingo

El aire reseco que hemos padecido el pasado mes de agosto, que nos regaló sol y altas temperaturas, nos quemó como aprendiz del infierno para que vislumbremos lo que nos puede esperar en el más allá cuando nos cansemos del más acá y ello nos puede estar emponzoñando el humor más de lo normal. Vemos ahora, con los cambios de temperaturas, inseguridades por doquier sobre todo en los que hemos elegido para que nos gobiernen en lo grande o en lo pequeño. Los que han llegado como nuevos quejándose de que con lo que les han dejado los anteriores así no hay quien pueda hacer nada. Eso dijeron los que ahora tienen el gobierno central y ahí los tienes recibiendo quejas de los otros... Eso dicen los que acaban de tomar el control y las cosas siguen igual o peor. "Otro vendrá que bueno te hará", asegura el refranero.

Aseguran en la centralidad del país, por eso, muchos especialistas y entendidos que en la mayor parte de los trastornos de comportamiento de las personas con problemas íntimos, de conflictos internos de pareja, con familiares cercanos, en trastornos de personalidad, parece esconderse un sentimiento de autoestima desfasada o inadecuada. Rodrigo Rato no debe andar muy alejado de esos derroteros y el ministro del Interior andará en un sinvivir con eso de querer dar explicaciones. Todos conocemos en nuestra cercanía personal mentes propensas a la dependencia casi absoluta de otros, temerosas de casi todo, vulnerables y casi siempre buscadoras cerriles del cómo agradar a los demás. Si no logran agradar del todo, no se encuentran bien y sufren, para ellos indeciblemente. Ahora en España es fácil entenderlo. No es solo que se adolezca de carácter o no se consiga tener arranque, es simplemente que domina por encima de todo el temor al conflicto o el miedo a no ser bien mirados y considerados en el entorno más cercano. En pocas palabras, no se quieren complicaciones. Cuando tienen que provocar algún disgusto necesariamente o si por casualidad deben causar algún problema o dolor, sufren de manera considerable por ser ellos los causantes, aunque en realidad no lo sean sino por necesidad.

Los porcentajes adecuados en los niveles de autoestima consideremos hoy por hoy que son algo muy relativo porque han de estar íntimamente ligados a nuestras experiencias personales y al resultado de nuestros actos a lo largo de nuestra experiencia de vida. Aquí cabe el ejemplo al decir que no es lo mismo ser tenista o concertista que ser concejal o ser político que chef de cocina o fabricante de barretinas. Esto lo entenderíamos todos suficientemente, se supone. Con el tiempo se podrá haber aprendido a ser realistas o no y a querernos bien o mal a nosotros mismos desde nuestro propio punto de visión. Es precisamente aquí donde podemos encontrar aprendizajes incorrectos que harán que pueda haber algún trastorno en la consideración de nuestra autoestima personal. Viene aquí bien decir que, si es cierto que todo se puede aprender, y así lo consideramos, por lo mismo, y llegado el caso, todo se podrá corregir o adecuar a las circunstancias de cada caso. Podremos por tanto modificar o "desaprender" lo que veamos que no está bien, cuando queremos encontrar comportamientos acordes con objetivos personales o sociales. Sirva el consejo para quienes lo necesiten.

En Zamora, al despertar en la madrugada, puede escucharse, si se pone atención, el silencio. El universo parece haber detenido su existencia y sus murmullos existenciales. Son unos silencios tan profundos, tan casi perfectos, que es como si estuvieran a punto de anunciar un colapso total en la vida y en el espacio sideral. En esos trances todo queda en suspenso, se piensa en la muerte y acaso en la soledad absoluta hasta que se siente un chorro de aire fresco al abrir una ventana y al percibir cómo se va haciendo la luz poco a poco con el amanecer. Después comienza paulatinamente el barullo con balbuceos de vida inquietante, con el llanto de algún recién nacido, con paseantes adormilados y perros ladradores con necesidad de encontrar un árbol o un trozo de césped en ese parque en que después jugarán los niños más pequeños, con los escapes libres de unas motos de jóvenes que van a su trabajo a buena velocidad sin pensar en los demás y sin un estricto control municipal, como lo atestigua el gran número de coches que se instalan en las aceras impidiendo el paso cómodo de los viandantes e impedidos a los que se considera siempre los más débiles y por tanto los sufridos aguantadores de los desmanes que nadie sabe controlar. Pasos de cebra que no sirven, conductores incívicos que se saltan el rojo de los semáforos y pitan descaradamente a la anciana que tarda más de la cuenta, según ellos, al cruzar una calle cualquiera? (¡qué sabrán ellos de artrosis y reumas?), vándalos que destrozan todo lo que es común y público sin pararse a ver que son bienes de todos?, incluso de ellos mismos, contenedores de basuras sin recoger a tiempo e invadiendo las aceras de paso? Vivimos ahora en una ciudad descontrolada sin disciplina social y sin autoridad por mucho que presumamos de demócratas y de nueva alcaldía. Tenemos los conceptos errados. Todos somos en parte responsables de cómo esté la ciudad y de cómo la sentimos y la respetamos. A veces somos tolerantes hasta el absurdo, porque todos sabemos que hay cosas que deben evitarse a todas costa, con este gobierno municipal y sus nuevos munícipes, que tienen muy buenas intenciones, pero que lo tienen que demostrar con actuaciones concretas, haciendo que actuemos con el propósito de formar una comunidad coherente y sensata para no volver a tener la sensación de una ciudad triste desesperada, que vive alimentándose solo de su historia y de sus tristezas y desmanes.

Pero ¡eso sí! Podremos presumir de Viriato, del Ave próximo y del compa Guarido, único alcalde de IU en capital de provincia? Y el buen humor que no falte?, don Francisco. Que hace mucho tiempo que no se ve el buen humor revolotear en nuestros aires y en las sonrisas. De eso mismo hablaba con Antonio Lera el otro día en Santa Clara a cuenta de algunas historietas y chascarrillos que él me comentaba de Víctor Gallego y sus excompañeros de esfuerzos de antaño antes de las ultimas elecciones municipales. El buen humor que no falte, amigos?

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