Día tras día

A menos de un mes

Lo que ocurra en Cataluña va a condicionar el resultado de las generales

01.09.2015 | 09:02
Juan Jesús Rodero

E stamos ya a menos de un mes de las elecciones de Cataluña, aparente, formalmente, y oficialmente autonómicas y nada más que autonómicas, pero plebiscitarias, nada menos, para sus convocantes, los líderes secesionistas, que anuncian que si gana la lista única, la de los partidos y colectivos a favor de la independencia, en poco tiempo declararán de forma unilateral, pasándose por el forro al Gobierno de la nación, una república catalana, o algo semejante.

Como el fanatismo ciega sus ojos, algunos ya reconocen, pero sin importarles, que no entrarían en Europa, que no serían reconocidos por la UE y que tendrían que salir igualmente de la zona euro, o volviendo a la peseta española, que no, o creando su propia moneda. Un país de la señorita Pepis, según se sube a la derecha, con sus fronteras, sus pasaportes, sus fuerzas del orden, y poco más, salvo su propia crisis, su aislamiento, y su derrumbe económico. Todo un panorama.

Pero pintarán bastos, y a día de hoy, ya casi en la recta final, solo los más optimistas y valedores del disparate que se quiere perpetrar confían en el triunfo en las urnas de los soberanistas. Pero su derrota, es algo que se empieza a manejar como resultado muy probable. O una victoria tan pírrica que les coartase toda libertad de movimientos y locuras de las que tienen un precio muy caro, no por parte de los políticos que siempre se resguardan en sus privilegios, sino para los ciudadanos. Si ganan los del no, los partidos tradicionales y alguno de los emergentes, podría haber un múltiple gobierno de coalición en Cataluña que solo serviría para alejar, al menos por un tiempo, el fantasma secesionista, lo cual ya sería suficiente y digno de celebración por los catalanes sensatos y el resto de los españoles.

Ya se verá lo que pasa, y cómo reacciona el Gobierno de la nación en caso de que el afán separatista obtenga el respaldo suficiente para proseguir su torpe marcha de tropiezos hasta la caída final. Porque lo que sucede en Cataluña va a condicionar al máximo lo que ocurra luego en las elecciones generales. A Rajoy, tal vez, si gana la lista única no le quede otro remedio que dejar de hacer el don Tancredo, dar un puñetazo en la mesa, agarrarse a la Constitución y suspender la autonomía de Cataluña, con todas sus consecuencias. Le proporcionaría muchos votos. Si persiste, como hasta la fecha, en acudir a la justicia y ofrecer diálogo a Artur Mas, salpicado ahora por la presunta corrupción de su partido, puede ir preparando las cosas para abandonar La Moncloa, porque los electores tampoco se lo perdonarían. Igualmente el resultado de los comicios catalanes será decisivo para el resto de los partidos, que juegan todos o casi todos en un plano de ambigüedad y ambivalencia a la espera de las circunstancias, si bien más que con las posibilidades de cada grupo parece que se está a la espera de la que pueda ser la definitiva respuesta de un PP que ya no tendrá tiempo para mantenerse en el limbo y habrá de arriesgarse a bajar a la arena y tomar una decisión, sea la que sea. Los demás, por mucho que se muevan, se limitarán a recoger, a favor o en contra, el fruto de las consecuencias de lo que suceda en Cataluña.

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