La columna del lector

Un cura humilde

01.09.2015 | 00:30

"El buen Dios es muy bueno. Cuida de sus pobres" (El Santo Cura de Ars)

San Juan María Vianney, El Santo Cura de Ars, tuvo grandes dificultades para ser ordenando sacerdote, pues, según los criterios de los superiores del Seminario Mayor de Lyon, pese a tener una conducta y comportamiento admirables, carecía de los necesarios conocimiento del latín, y no progresaba lo debido, en los estudios, por lo que fue despedido del Seminario Mayor.

Intentó ingresar en los hermanos de las Escuelas Cristianas y no fue aceptado. Me imagino el gran sufrimiento interior del Santo Cura de Ars, ante esa negativa reiterada, al no permitirle continuar su camino al sacerdocio.

La bondad de Dios es infinita y quiso que se cruzase en su camino con una buenísima persona, un sacerdote excepcional el padre Balley, un hombre de Dios, que se brindó a darle la preparación necesaria para ser ordenado sacerdote, aspiración que el Santo Cura de Ars, vio cumplida el día 13 de agosto de 1815, a los 29 años de edad.

El 13 de agosto se cumplieron doscientos años de su ordenación sacerdotal. El Cura de Ars, tuvo que sentir una alegría inmensa, cuando tras años de humillaciones, desprecios, privaciones e ímprobos esfuerzos, al fin, fue ordenado sacerdote de Cristo, a sus 29 años.

Los santos como san Juan María Vianney, y el beato fray Leopoldo de Alpandeire, al que tengo gran devoción, fueron personas de procedencia sumamente humilde, que tuvieron que superar grandes pruebas para ser admitidos al estado religioso y posteriormente para alcanzar la santidad. La oración, el sacrificio, la obediencia, la paciencia, la pobreza, la penitencia, la humildad, la entrega a los demás, y la caridad, fueron virtudes que presidieron sus vidas. La virtud de la paciencia la adquirió el Santo Cura de Ars, a fuerza de heroicos y perseverantes actos.

La vida del Santo Cura de Ars, fue una vida de entrega a sus feligreses, visitándoles en sus casas, atendiendo a los niños, a los enfermos, a los pobres, y necesitados, silenciosamente, como solo saben hacerlo las almas grandes, en la pobreza más absoluta de un cura rural, que supo entregarse en cuerpo y alma a sus feligreses y a todos los que necesitaban su auxilio o consejo, hasta el mismo momento de su muerte.

El papa Benedicto XVI, proclamó a san Juan María Vianney, "patrono de todos los sacerdotes del mundo" el día 19 de junio de 2009.

La humildad fue para él la virtud más querida; decía el Santo Cura de Ars: si quitáis la humildad, todas las virtudes desaparecen.

Poseía la virtud de la verdadera caridad, que es la fuente de la verdadera educación. En su persona resplandecía algo de evangélico.

Les recomiendo la lectura del libro titulado "El Cura de Ars" de Mons. Franscis Trochu - Ediciones Palabra-Madrid .

No olvidemos que "Los santos no son los que nunca cayeron, sino los que siempre se levantaron".

Pedro Bécares de Lera

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