El Lago de Sanabria y su leyenda

Se dice que cada año se escucha el sonido de campanas del pueblo de Valverde de Lucerna en San Juan

31.08.2015 | 08:47
Balbino Lozano

Quien no conozca el Lago de Sanabria no ha tenido ocasión de recrear la vista en un delicioso paisaje que la madre Naturaleza nos ha regalado en el norte de la provincia de Zamora. Este importante caudal de agua que tiene cien mil años de existencia, es de origen glaciar y se le considera el mayor de la península Ibérica de estas características. Su entorno está formado por bosques de roble y otras especies arbóreas que dan al paisaje una singular belleza.

Dominando el parque natural del Lago se encuentra el pueblo de San Martín de Castañeda, localidad en la que hay un monasterio del que se conservan restos de los siglos XVI y XVII, en el que se alojaron los monjes de San Martín de Tours de la Orden Cisterciense. En la actualidad, el monasterio presta servicio como Centro de Interpretación de la Naturaleza de este Parque Natural.

Este es un breve resumen descriptivo del Lago de Sanabria y sus alrededores.

La leyenda cuenta que, hace muchos años existía un pueblo que llamaban Valverde de Lucerna, una localidad próspera en la que sus gentes tenían fama de egoístas y nada caritativas. Solo se preocupaban de lo suyo y de divertirse cuando llegaban ocasiones como la fiesta de San Juan. La noche de aquella fiesta, después de cantar y bailar al son de las gaitas, se retiraron todos a dormir entre el rumor de la lluvia y el sonido de los truenos y relámpagos.

De pronto, un peregrino, calado hasta los huesos y tiritando de frío, comenzó a llamar de puerta en puerta pidiendo refugio ante una noche tan desapacible. Hasta en tres ocasiones le negaron alojamiento y comida, contestándole: "Eres peregrino, pues sigue tu camino".

Cuando mayor era su cansancio y hambriento como estaba, vio un horno de leña en el que había mujeres cociendo el pan. Estas lo acogieron y prepararon un panecillo para entregárselo al peregrino y que comiera algo. Cuando metieron en el horno aquel minúsculo panecillo, vieron con sorpresa que había crecido tanto que no cabía a salir por la boca del horno. Lo fueron sacando a trozos y le dieron una pequeña parte al peregrino.

Aunque agradecido porque las mujeres le habían dado albergue y comida, el peregrino seguía enfadado con los habitantes del pueblo y cuando ya estaba en las afueras, , se paró y dijo: "Aquí clavo mi bastón y aquí brote un gargallón".

Tal cantidad de agua salió, que en pocas horas quedó inundado el pueblo de Valverde de Lucerna y sepultados todos sus habitantes.

Se dice que, cada año, del interior del Lago sale el sonido de las campanas del pueblo de Valverde de Lucerna en la noche de San Juan.

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