Zamoreando

En aras de la transparencia

Creer lo que dicen los políticos de sus patrimonios es una cuestión de fe

23.08.2015 | 00:04
En aras de la transparencia

Cuando se publica, foto incluida, el patrimonio de nuestros amados y nunca bien ponderados representantes de la res pública, ¿qué se persigue exactamente? ¿En verdad se hace en aras de la transparencia más absoluta o para cabrear al ciudadano de a pie, al que más problemas económicos tiene, al ver las cantidades que se reflejan en esa especie de actas periodísticas? Creer lo que los políticos dicen y revelan sobre sus patrimonios es una cuestión de fe. Porque el personal se pregunta, no sin razón, si las cantidades económicas y el patrimonio que reflejan es producto de su actividad política. De ser así resulta bastante rentable el ejercicio de este oficio que es casi tan viejo como el oficio más viejo del mundo con el que tiene connotaciones inapelables.

Cuando un político habla de herencias, y en Zamora las herencias de los políticos están a la orden del día, a los ciudadanos se nos vienen de inmediato a la cabeza las herencias de los Pujol y del sinvergüenza de Granados, aquel político popular que desde una plataforma televisiva daba lecciones de honradez y de ética a los televidentes. Quiero decir que lo de las herencias en los políticos, no es que cueste digerir, es que cuesta tragar. No seré yo quien diga que alguno de ellos no haya podido ser beneficiario de un legado, fundamentalmente familiar, más o menos cuantioso, lo que sí digo es que lo de las herencias está bajo sospecha. Les conviene no apelar mucho a ellas no siendo que a alguien le dé por tirar de la manta y se descubra el pitote. Porque siempre hay alguien con ganas de hablar y de contar más allá de lo debido.

Los ciudadanos no entienden que los políticos se quejen. Cuando toca bajada de sueldos, porque hay que apretarse el cinturón, porque ello redundará en beneficio de todos, por tocar, además de los cataplines del ciudadano, tocan hasta las pensiones, pero de sus sueldos no se bajan ni un puñetero céntimo de euro. Y el ciudadano está cansado y revuelto al ver y comprobar ciertas cosas de las que algunos blasonan y que sin embargo pueden tener trayectoria de boomerang, es decir, pueden volverse contra ellos. Porque hay cosas que siguen sucediendo y que tienen muy difícil explicación. No hay nada peor que ir de listo y ser de una torpeza manifiesta.

La publicación por parte de los políticos de sus sueldos y patrimonios no sé si incluso no será contraproducente para ellos. La gente cuestiona si se hace en aras de la transparencia o para dar envidia y cabrear al personal al ver el agravio comparativo entre los menos y los más, es decir, entre la minoría compuesta por la autoexcluyente clase política y la mayoría compuesta por los ciudadanos, entre los que la mayor diferencia la constituye el sueldo mensual y el patrimonio.

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