Sociólogo

Que me aburro

De las formas de diversión y de pasar el tiempo libre de antes y de ahora

09.08.2015 | 00:03
Que me aburro

Cuando hemos cruzado el ecuador de las vacaciones estivales y aún quedan unas cuantas semanas para que el verano se despida de nosotros, no puedo por menos que compartir unas reflexiones sobre un asunto que me interesa muy especialmente: cómo emplean las personas, aunque especialmente los chavales, el tiempo de ocio durante estos meses de descanso, jolgorio y diversión. Cuando echo la vista atrás y regreso a mi infancia y juventud y comparo qué se hacía hace treinta, cuarenta o más años con lo que unos y otros hacemos en la actualidad, una de las conclusiones que obtengo es la siguiente: entonces apenas teníamos tiempo para el aburrimiento porque durante el verano muchos jóvenes, pero también niños, teníamos que trabajar, ayudando a los padres en las faenas agrícolas o en otras tareas relacionadas con la economía familiar.

Hoy, sin embargo, muchos niños, adolescentes y jóvenes están tarareando, casi permanentemente, la típica canción del verano: "Papi, mami, que me aburro". Estas semanas lo he percibido en personas cercanas a mí y en otras que, sin tener vínculos afectivos o sentimentales conmigo, me lo han confesado abiertamente: "¡Nos aburrimos como una ostra; no sabemos qué hacer!". Muchas de ellas solo se sienten satisfechas si viven en un estado permanente de fiesta, jolgorio y diversión. No digo que la fiesta y el divertimento no sean necesarios, convenientes e imprescindibles. Lo son. Ahora bien, lo que no entiendo es que algunos digan que para no aburrirse es necesario estar siempre de jarana, parranda y cachondeo. ¡Como si no hubiera otras cosas tan o más interesantes que hacer durante el verano! Por ejemplo, realizar intercambios culturales, ir al extranjero a practicar un idioma, asistir a algún campo de trabajo o cultivar una nueva moda: el turismo solidario. Muchas personas ya lo hacen, aunque lamentablemente son una minoría y, en muchas ocasiones, para hacer esas actividades se requiere mucho dinero.

No me gustaría, sin embargo, que se me malinterpretase. Reconozco que las formas de diversión y de pasar el tiempo libre en la actualidad no son peores ni mejores que las de antes: simplemente son distintas porque los tiempos son también diferentes. Todos hemos cambiado y, como era previsible, también lo han hecho los usos y las formas que tenemos de emplear el tiempo durante los meses de verano o en otras estaciones del año. Ahora bien, lo que no entiendo y, aún mucho peor, me saca de mis casillas es que hoy muchas personas confiesan amargamente que no saben qué hacer durante las vacaciones veraniegas. A veces pienso que al menos los de antes no tenían ni estas dudas ni estos problemas. Sus preocupaciones eran más bien otras: en muchos casos, solo sobrevivir. Afortunadamente este problema está prácticamente superado y con el desarrollo económico hemos ganado muchas cosas. Sin embargo, hemos perdido otras. Y no saber qué hacer con el tiempo libre y, por tanto, aburrirse es una prueba de que no siempre el desarrollo conduce a épocas mejores o más saludables.

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