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Crónicas de un paso de cebra

Corto de tijera delicadamente

Escuchar las noticias es asistir un día sí y otro también a la expansión de la corte de Monipodio

31.07.2015 | 08:54
Concha Ventura

Ya no se lee a Cervantes, los clásicos han perdido vigencia. Son cosa del pasado, dicen los entendidos. Y así nos va. Pero yo creo que se aprende mucho con ellos. Sin ir más lejos, estos días estoy disfrutando de la relectura de "Las Novelas Ejemplares" de Cervantes, mientras un águila calzada se pasea majestuosamente por el cielo, ajena a las bagatelas de los humanos.

Ejemplares, ¿por qué les pondría ese título el Manco de Lepanto?

Pues, porque parecen trozos de vida inventada de fuerza inusitada, que enmascaran la realidad de la España del momento. Fueron escritas tras amargas vivencias del autor, que enriqueció su espíritu, con experiencias únicas y con el trato con personas de toda clase y condición, que le aportaron otra forma de mirar el mundo. Y son ejemplares o ejemplarizantes, porque deben servir de modelo ético y moral a una sociedad en decadencia, para poder sacar conclusiones.

Baste citar, que ejerció entre otros muchos oficios el de cobrador de rentas para el abastecimiento de la Armada Invencible, la cual terminó desbaratada a causa de tormentas inesperadas y él acabó, como casi todos los que cobran algo del erario público, en la cárcel de Sevilla, al ser acusado de sustraer parte de lo recaudado supuestamente de la bolsa, aunque finalmente fue exculpado.

Y es en esa ciudad donde se desarrolla "Rinconete y Cortadillo", una de las 12 Novelas Ejemplares, en la que se nos narra la historia de dos truhanes de 15 a 17 años que llegan allí huyendo de los malos tratos y del hambre y tienen que enrolarse obligatoriamente, si quieren ejercer el robo, en la corte del señor Monipodio, que ostentaba mucho más que el cargo de jefe de la rapiña en la ciudad. "-¿Págase en esta tierra almojarifazgo de ladrones, señor galán -dijo Rincón? -Si no se paga (?) a lo menos regístrense ante el señor Monipodio, que es su padre, su maestro y su amparo; y así le aconsejo que vengan conmigo a darle obediencia, o si no, no se atrevan a hurtar sin su señal, que les costará caro".

Cuando ambos se presentan, yendo de camino hasta allí, el menor de ellos le explica al otro su oficio de hacerse con bolsas ajenas, y con una soberbia maestría el autor escribe: "No se otro, que corro como una liebre y salto como un gamo, y corto de tijera delicadamente". (Refiriéndose a las bolsas con las que se hacía a lo largo del día)

Les aconsejo que hagan por Sevilla la ruta que está señalizada, de las calles por donde discurren algunas de estas novelas, no tiene desperdicio. (Claro que también les aconsejo que se las lean antes)

Y al escuchar las noticias, y leer la prensa, asisto un día sí y otro también, a la expansión de la corte de Monipodio, al bochornoso espectáculo que dan la mayor parte de nuestras clases dirigentes de todo sesgo y condición, a los atónitos ciudadanos de este país en decadencia.

Casos Gürtel, Púnica, rescates bancarios, ventas fraudulentas de sellos, Ere en Andalucía, algún jefazo de mineros, sindicatos, familias de honorables, (¿del rey abajo ninguno?), subvenciones o señales que hay que pagar a los amiguetes que salen generalmente bien parados del asunto, con el riñón bien cubierto para potenciar las campañas de los partidos políticos, sus retiros estratosféricos y un largo etc. de prebendas, dietas, asistencias a reuniones bancarias?, ladrones, cacos, carteristas, chorros, pericos, saqueadores, sisones..., todos presuntos, que salen muchos de ellos de las cloacas del mundo gubernamental, sindical y empresarial que rige los destinos de nuestra patria, para poder vivir del cuento, mejor dicho de las malas cuentas, como si este fuera un lugar libre de todo castigo.

Me llama la atención lo poco que ha cambiado en esencia nuestro país, donde los ciudadanos nadamos contra corriente, aguantando este sinvivir de la desmotivación de la cosa pública, mientras nos suben los Monipodios de turno los impuestos, porque no hay pan para tanto chorizo; luego van y los bajan un poquito, para ponernos la zanahoria en el hocico y convencernos de que los necesitamos, pero solo lo hacen para aventar falsos espejismos, porque no sabemos dónde va a parar toda esta cantidad ingente de dinero que entre unos y otros se están llevando, sin devolver una triste peseta, ya no digo euro.

Vemos cómo tras meter a algunos de ellos en un coche policial, pasan una temporadita en la cárcel o nada, y porque no saben o no contestan, acaban unos esquiando en Suiza, otros en el yate tomando el sol perfectamente protegidos, (protección total), otros trabajando en el extranjero con sueldos astronómicos y guardaespaldas pagados por el estado, mientras la mayoría de nuestros jóvenes emigran a tierras remotas para poder ganarse dignamente el pan, otros con comilonas de marisco, otros con cuentas corrientes en paraísos fiscales, otros, con millones que no pueden justificar, trapicheando con arte o ropa usada, todo les viene bien? Y le parecía fuerte a Cervantes la impunidad de la corte de Monipodio?

Ya es hora de que en este país, con graves lagunas jurídicas, lo que acrecienta en la gente corriente la sensación de impunidad, se creen controles independientes, efectivos y rápidos, para frenar el recibo de dinero irregular por parte de estos delincuentes, y que se devuelva en su totalidad, interviniendo y nacionalizando sociedades interpuestas, cuentas a nombres de terceros, bienes propios y puestos a nombres de familiares y esbirros, y lo que haga falta, para acabar de una vez con tanta sangría.

Pero desgraciadamente todo este embrollo tiene difícil solución, simplemente porque hay que cortar el cáncer de raíz y como los mismos que nos gobiernan nombran a quienes han de auditar, en este país primarán los que cortan de tijera delicadamente amparados a la sombra del poder. Ahí radica la ineficacia de la limpieza que necesita nuestra política, por lo que es necesario acabar con los que ejercen con nuestros votos, sin que se lo hayamos pedido, de padres, de maestros y de amparos del hampa, a quienes debemos dar obediencia durante 4 años, lo que nos está costando extremadamente caro. Es lo que hay.

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