Los accidentes evitables

La correcta señalización de las carreteras impediría sucesos como el del autocar en Francia

28.07.2015 | 09:43
José Luis Martín

Los medios de comunicación nos sorprenden a diario con accidentes de circulación, algunos tan aparatosos como el del autocar español que embistió un túnel varios centímetros más bajo que la altura del camión. Para proceder una valoración válida de todas las circunstancias habría que hacer una visita al lugar del accidente; pero hay cosas que se han podido ver en la televisión y sirven lo suficiente para observar mala organización estructural y, tal vez, falta de prevención por varias partes. Lo primero no es exclusivo de la vecina Francia y seguramente se dará en otros países europeos y de fuera de Europa. Lo segundo, por desgracia, también es corriente en casi todos los países del mundo.

El hecho no admite ni siquiera discusión: la menor altura de la entrada del túnel con relación a la altura del autobús ocasionó el terrible choque, consideradas la rigidez del material del túnel y la supuesta velocidad del autobús en viaje internacional y en un punto muy lejano del destino y del punto de partida. El resultado también salta a la vista: el autobús quedó sin techo y los viajeros salvaron la vida (y la integridad física muchos) porque iban durmiendo y recostados sobre los respaldos de sus asientos. Se produjeron algunos heridos -y algunos muy graves--, aunque, afortunadamente, muy pocos para el número de viajeros.

En estos casos juega un papel muy importante la señalización. No se ha podido ver en la televisión y prensa la señalización que pueda existir (y deberá existir) bastantes metros antes de la entrada del túnel. Tampoco -es obvio- la que pueda existir en algún lugar desaconsejando la ruta para vehículos de tal tamaño; incluso la obligación de seguir otra ruta evidentemente más practicable. Por lo que se sabe, sí es cierto que faltó la correcta información en algún informante particular que señaló la ruta sin avisar de la angostura de la entrada al túnel para un vehículo de las características del autobús. Sí se ha visto con toda claridad la altura del túnel señalizada en el frente de la entrada; pero ¿hubo otro aviso anterior? El conductor parece que ha reconocido su falta de atención sobre el factor más influyente (la altura de la entrada) y, por consiguiente, traer a la memoria la altura de su autobús. Ésta es la única falta claramente establecida: falló el factor humano. El conductor pudo haber ido observando todas las circunstancias que aquí se han señalado y no lo hizo. Lo poco que se sabe hace suponer que no es perfecta la señalización anterior: parece casi imposible que el conductor no hubiera tenido sospecha del accidente, si hubiera existido el aviso en la carretera sobre la imposibilidad de circular un vehículo con altura superior a la que aparece sobre la entrada del túnel. El dato es muy interesante y siempre nos ha llamado la atención a todos los que hemos conducido. Por otra parte parece exigible tal aviso, dado que la altura mínima exigida por la Unión Europea es bastante superior a la de aquel túnel; bastante superior, incluso, que la altura del autobús afectado. Las tres alturas son fácilmente comprobables: entrada del túnel: 2'60 m; altura del autobús: 3'80 m; altura mínima exigida por la UE 4'20 m.

El suceso tiene sus antecedentes; hubo de rescatarse un camión, empotrado porque sobrepasaba los 2'60 del túnel; también tuvo problemas una furgoneta. También existen noticias de que las autoridades de Lile están en vías de tomar medidas resolutivas; no se han tomado otras eventuales que se han tomado en otras ocasiones? Aunque suene a fatalismo, hay que reconocer que cuando han de suceder las cosas, las circunstancias ayudan incompren-siblemente para que los sucesos ocurran. Aquí han fallado, al parecer, varios elementos de prevención y, afortunadamente, la Providencia ha conseguido que no haya muertos y, salvo dos estudiantes, los viajeros no hayan sufrido graves heridas. A todos los que alguna vez hemos dependido de ellas, este suceso nos lleva a pedir que las autoridades competentes atiendan escrupulosamente a las señalizaciones. En las carreteras y en las mismas poblaciones de nuestro país existen numerosas indicaciones fuera de lugar o fuera de la misma existencia. Si hiciera caso uno siempre de las indicaciones, se encontraría más de una vez con sorpresas desagradables.

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