El arco voltaico PP-Mas fulmina la moderación

Los gestos, por más que sean inoportunos, salen gratis, pero gobernar es más difícil y no está al alcance de cualquiera

27.07.2015 | 08:57
Manuel Campo Vidal

Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, se afana por quitar el busto del rey Juan Carlos del salón de plenos y liquidar nombres de calles con resonancias monárquicas. La mejor respuesta se la ha enviado el dibujante El Roto, a ella y a los ediles que en otras ciudades siguen su ejemplo, como en Zaragoza, donde en el balcón del ayuntamiento, con alcalde de Podemos, igual puede ondear un día la bandera de Grecia, como la de Venezuela, o la del orgullo gay otro: "Cambiaron los nombres de las calles, pero los baches seguían allí". Los gestos, por más que sean inoportunos, salen gratis, pero gobernar es más difícil y no está al alcance de cualquiera, aunque lo hayan votado.

Entretanto, en ese clima de acoso a Felipe VI, extendido a otras poblaciones, los independentistas catalanes, liderados por Mas y Junqueras, han vivido su mejor semana en expectativas. Después de haber lanzado como número uno por Barcelona a Raül Romeva, con Pep Guardiola cerrando esa lista, han incorporado a Lluis Llach como uno por Girona y al economista y exdiputado socialista Germà Bel, como uno por Tarragona. Estas extrañas elecciones están sirviendo para recuperar políticos, que ahora simulan ser simples ciudadanos, que en su día fracasaron en sus aspiraciones en otras formaciones, como Romeva o Bel. El próximo parlamento en Cataluña será como un coche escoba de desahuciados políticos que en el lío actual vuelven a comprar pasaje para el éxito. Última e inesperada oportunidad para ellos e incertidumbre máxima para todos. Estamos jugando con fuego.

Los estrategas de la lista de Mas no se ocultan al admitir que a ellos lo que les conviene es que el PP siga gobernando en Madrid tras las elecciones, porque eso fortalece su posición. Creen que el PP en la Moncloa sumará independentistas. Es la vieja teoría del arco voltaico: aplicando alta tensión eléctrica entre dos polos acaba saltando una corriente entre ellos, aunque no entren en contacto directo. Trasladado este principio electromagnético a la política, el resultado es similar, solo que electrocuta a cualquiera que se interponga entre ellos. Y entre el PP y la lista de Mas-Junqueras en los extremos, están los desvaídos socialistas, a los que solo puede revitalizar algo Pedro Sánchez, Ciudadanos, al alza en Cataluña, y, recién llegada, la Unió de Espadaler y Duran i Lleida tras su divorcio de Convergencia, después de 37 años de matrimonio mal avenido: "Si Cataluña declara unilateralmente la independencia, no seremos nunca independientes y ademas nos triturarán. ¿O alguien piensa que el Estado se quedará de brazos cruzados?". Duran llama al voto de los catalanistas moderados, a los no aventureros, y se queja de la hipocresía de sectores económicos que se llevan las manos a la cabeza por el proyecto independentista de Mas, pero solo en privado. Mientras, la exministra socialista Carme Chacón ha llamado a Rajoy y Mas a evitar el choque y el exministro popular Josep Piqué ha acusado al presidente de la Generalitat de "apropiación indebida de la acción de gobierno para promocionar el independentismo, cuando la mayoría de catalanes no lo son".

Tiene razón porque quien no disimula sus actuaciones es el propio Mas que reúne en la propia Generalitat a Junqueras y otros socios en un espectáculo inadmisible de fusión entre institución de Gobierno y partido político, práctica más propia de situaciones predemocráticas, como en su día el PRI mexicano. Y prolonga sus tentáculos en la influyente TV3, que exalta continuamente la "lista unitaria", como si no existiera ninguna otra.

A la izquierda de todo, además de las CUP radicales, se cierra ahora una candidatura que viene a ser como la amalgama que preside Ada Colau, pero para la Generalitat. Por fin encontraron un nombre, Lluis Rabell, un activista de las asociaciones de vecinos, que en un primer momento desencantó porque se esperaba que alguien más relevante hubiera aceptado la oferta de encabezar esa lista. Con todo, en Barcelona, la esperanza para dar fuerza a esa coalición se llama Pablo Iglesias quien ya se ha comprometido a vaciarse en la campaña, como Pedro Sánchez, que incluso ha elegido el Valle de Arán para sus cortas vacaciones. De modo que sobre la batalla de fondo independencia sí o no, lo que viviremos en Cataluña en septiembre serán unas auténticas primarias de las generales españolas con Iglesias, Sanchez, Rivera y cabe pensar que también Rajoy, tomando posiciones para la batalla final. No hay tregua. Las alarmas están disparadas.

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