La "brutalidad" negociadora alemana

Hoy ya no se necesita como en tiempos del colonialismo clásico enviar cañoneras para doblegar a un país

23.07.2015 | 09:48
La "brutalidad" negociadora alemana

Lo reconocen incluso algunos medios alemanes poco sospechosos como "Der Spiegel": el ministro de Finanzas de ese país, Wolfgang Schäuble, ha hecho el papel de "brutal" negociador frente al líder de Syriza.

Schäuble se ha regodeado incluso en ese ingrato rol mientras dejaba a su correligionaria, la canciller Angela Merkel, que asumiera el de "policía buena" en las negociaciones.

A cada uno, pues su papel, pero el resultado está ahí: un Gobierno griego al que prácticamente han puesto contra las cuerdas quienes, sin necesidad de armas, mandan hoy en Europa. Es lo que el ex ministro griego de Finanzas, Varoufakis, califica de "ocupación posmoderna".

De nada vale que el propio Schäuble haya argumentado en una entrevista con el citado semanario que no puede atribuírsele a su país una posición preponderante en Europa porque no, a diferencia del Reino Unido o Francia, no es miembro del Consejo de Seguridad de la ONU. ¡Sólo faltaba!

Hoy ya no se necesita como en tiempos del colonialismo clásico enviar cañoneras para doblegar a un país que no paga sus deudas: basta con recurrir a la siempre eficaz arma económica.

Y, dada la correlación de fuerzas, resulta cuando menos cínico decir, como dice Schäuble, que "también los países bálticos, Eslovaquia o Eslovenia hablan con claridad (en Europa) cuando hay algo que no les gusta". Por ejemplo, que se les dé un trato de favor a los griegos.

Incluso un socialista moderado francés como Pascal Lamy, ex comisario de Comercio Exterior de la UE, se queja de que los alemanes den excesiva importancia a la "disciplina" y muy poca a la "solidaridad". Nada más exacto.

Es significativo por lo que revela de su mentalidad el que Schäuble cite en la citada entrevista un refrán de su abuela: "la benevolencia es la antesala del desorden". O, como se decía entre nosotros en tiempos de Franco y todavía repiten algunos: "una cosa es libertad y otra, libertinaje".

Por cierto que la abuela del ministro era, como él mismo nos recuerda, de Suabia, y a esa región del suroeste alemán gusta referirse también la propia canciller alemana, Angela Merkel, cuando dice que si se hubiera preguntado al "ama de casa suaba" nos habría dado "un sabio consejo: a la larga uno no puede vivir por encima de sus posibilidades". Consejos de fogón para gobernar naciones.

Schäuble niega que, al aceptar el acuerdo que le impusieron sus socios, Grecia se haya convertido de facto en "un protectorado de la Eurozona" porque lo que se le ha exigido ahora estaba ya incluido en el programa que se presentó a Atenas en 2010 , sólo que entonces los griegos no cumplieron.

Pero qué decir de la pretensión alemana de domiciliar nada menos que en la plaza financiera de Luxemburgo el fondo de privatizaciones de 50.000 millones de euros impuesto a Atenas a modo de fianza, humillación última que el líder de Syriza se negó lógicamente a aceptar.

O el chalaneo de los socios para determinar qué porcentaje del dinero obtenido con la eventual venta de activos públicos debía dedicarse a pagar a los acreedores de Grecia y cuánto a las inversiones que tanto necesita el país para crecer. Atenas pretendía que al menos la mitad se dedicara a este último capítulo mientras que Alemania sólo estaba dispuesta a dejarles a los griegos sólo un 10 por ciento para sus necesidades.

Lo cual obligó a un duro tira y afloja hasta que Tsipras terminó aceptando la última oferta, no le cabía otra salvo aceptar sacar a su país del euro como sin duda quería Schäuble: un 50 por ciento para devolver el dinero prestado por la eurozona, un 25 por ciento para inversiones e igual porcentaje para reducir la deuda del Gobierno.

Alemania decide ahora prácticamente la política interior griega, según reconoce la prensa alemana. Y, sin embargo, Schäuble, el más duro entre los duros, bloque al que pertenece también nuestro Mariano Rajoy, no acaba de fiarse.

Tsipras "ha asegurado que aplicará el programa aunque no cree en él. Así que veremos", comenta escéptico el ministro de Finanzas.

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