Los tristes gobernantes de la ciudad de la alegría

No se puede más que fruncir el ceño cuando se firma la millonada del edificio municipal

10.07.2015 | 09:02
Laura Rivera

Claro que no somos una pompa fúnebre, a pesar de todas las lágrimas tragadas". En la ciudad se respira un aire de alegría aunque en la provincia vivamos dos mil y pico zamoranos menos que el año pasado, algunos que se han ido para siempre y muchos que solo volverán por Semana Santa más que por Navidad.

No es que lo diga yo, sino que me lo dicen y nos lo dicen por la calle.

¡Y eso que todavía no hemos conseguido abrir las tres escasas piscinas, con la ola de calor que está cayendo!

"Estamos con la alegría de construir lo nuevo".

Pese a las derrotas propias y a las heredadas (las de la gente que ha luchado por la igualdad, la dignidad y los derechos de todos los seres humanos en cualquier parte del mundo), mantenemos la ternura para ayudar en lo que podamos y de ella nace la esperanza que nos permite seguir vivos, luchando y felices.

¡Y eso que andamos descabezándonos solo para organizar con las arcas casi vacías actividades para un verano que llene los días y noches zamoranas de cultura!

"Y gozamos del día, de la noche y hasta del cansancio". No sé por qué dice el líder de Podemos que somos tristes. Una cosa es que se crea que es mejor que nosotros (los dioses ciegan a quienes quieren perder) y por ello no quiera sacrificar su "marca" (¿publicitaria?) a la unidad popular, y otra que nos califique de tristes y aburridos. ¡Como si solo fueran ellos quienes cantan cuando se reúnen! Anda que no llevamos cantado, reído y disfrutado? en miles de derrotas celebradas y en momentos difíciles? ¡Y eso que todavía no nos sabemos "La Internacional" entera y es más que una utopía pendiente aprendernos "A las Barricadas"!

"Y recogemos risa en el viento alto".

En el viento alto, y no en los de "arriba", esos que hay que visitar con regalitos para hacerse notar y entrar aunque sea como oveja? negra no, que me confundirán con anarquista? roja menos, que no quiero envolverme en banderas? Bueno, para ser de los que ganan y por ello son felices y cantan, y no de los veteranos perdedores.

¡Y eso que esta vez el pueblo de Zamora es alcalde, y Guarido en vez de colgarse la victoria del cuello, anda sin levantar cabeza para resolver la enorme cantidad de temas pendientes, de necesidades de los zamoranos?!

"Vemos cómo nos nacen arrugas en la frente, y nos volvemos serios, pero siempre por siempre nos persigue la risa amarrada también a los talones?".

No se puede menos que fruncir el ceño cuando hay que firmar la millonada del edificio municipal más sus intereses. ¡Casi cuatro millones de euros robados a la ciudad por una mala decisión política! O cuando los que en veinte años de gobierno no han resuelto nada nos acusan de desgobierno antes de formar gobierno.

"Y sabemos tirarnos una buena carcajada". Porque a veces tienen su gracia, todo hay que decirlo. Por eso andan los "tuiteros" buscando en el río los teléfonos móviles que se cayeron al fondo sin querer, en el legítimo ejercicio del trabajo. ¡Tiene más gracia que importancia!

Y es que como en la novela "La ciudad de la alegría" de Dominique Lapierre, Zamora está alegre. Pero no porque no haya dolor y sufrimiento, y paro, injusticia, pena? Sino porque pese a todo, hay esperanza, hay trabajo, hay solidaridad? O vamos a intentar con todas nuestras fuerzas que lo haya.

Aunque, como dice Gioconda Belli, la autora del poema entrecomillado: "Sí. Es verdad que a ratos estoy triste y salgo a los caminos, suelta como mi pelo, y lloro por las cosas más dulces y más tiernas, y atesoro recuerdos brotando entre mis huesos".

Pero tristes, ¡no!, no somos. No nos sale.

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