La ética en la caza

La cinegética es más que un deporte, se trata del aprovechamiento de un recurso

09.07.2015 | 08:52
José Ignacio Regueras Grande

Para empezar a hablar de la ética en la actividad venatoria es imprescindible recordar la caza en el paleolítico (hace unos 20.000-24.000 años) y en el neolítico (hace unos 5.000-6.000 años).

El cazador del paleolítico y del neolítico obtenía de la caza lo siguiente:

-Pieles para abrigarse y para tejado de sus tiendas de campaña.

-Carne con la que alimentarse.

-Tendones para coser las pieles.

- De los huesos, cuernos y cuernas, puntas de flechas y arpones para cazar y pescar; agujas para coser.

-Rompiendo los huesos largos, se alimentaban también de la médula ósea o tuétano.

-Las rótulas (tabas) de grandes ungulados se utilizaban para soporte de palo para conseguir fuego, por frotamiento.

-De las cuernas de los grandes cérvidos (venado, etc.) obtenían instrumentos para que los individuos recolectores de bulbos, semillas, frutos, etc. (probablemente mujeres en su mayoría) los utilizaran con estos fines.

-Plumas para adornarse.

-Quizás las cuernas citadas -en los comienzos de la agricultura, en el neolítico- se utilizaran como primitivos arados.

La pieza de caza se aprovechaba en su totalidad.

En Atapuerca (Burgos) todo esto se explica muy bien y de forma muy didáctica.

Cazar un grupo de hombres en el paleolítico directamente las presas (con lanzas, arcos y flechas, azagayas, etc.) o espantándolas hacia una sima, pozo natural o acantilado (con ayuda de perros en el neolítico) donde se despeñaban y así aprovechar todos los tesoros citados, en muchas ocasiones debió ser la diferencia entre la vida y la muerte del grupo de cazadores y sus familias.

Si la caza era exitosa, el grupo y sus familias seguían vivos. Si fracasaban una y otra vez -sobre todo en periodos fríos- significaba la muerte del grupo. Quizás por esto, la gran alegría que produce la captura de la pieza. En nuestros genes tenemos grabada esta antigua realidad determinante para el futuro del grupo en el arcaico periodo.

Con estos antecedentes, parece que aprovechar la carne del animal abatido -en la actualidad- es una cuestión que debería imponerse casi como una obligación moral.

Como decía mucho más recientemente el indio Seatle en 1885 al presidente americano hablando de la caza de los bisontes: "Nosotros nos lo comemos todo porque respetamos al animal que hemos abatido", en contraposición a las matanzas de miles de bisontes por parte de los hombres blancos que los dejaban pudrirse en la pradera.

El mensaje del indio Seatle es sencillamente emocionante.

La caza no es un deporte, es algo más.

La caza no debe practicarse por diversión, en ese caso sería -como mínimo- una frivolidad. Las relaciones humanas que se viven con los compañeros son de alta intensidad y muchos lances no se olvidan nunca.

La caza es fundamentalmente un aprovechamiento de un recurso.

Pero en la actualidad otros cazadores (muchos de caza mayor) cortan la cabeza del animal (el trofeo) y el resto queda en el monte.

¿Es esto presentable? A primera vista parece un acto obsceno. Pero casi todo tiene su parte negativa y positiva. El hecho de que la mayor parte del cuerpo quede abandonado en el monte es una gran noticia olorosa para lobos, zorros, jabalíes y osos; también para buitres leonados y negros, águilas reales, milanos, córvidos, etc.

Un cazador de una gran ciudad española me decía hace poco "que si aparecía en su casa con una pata de corzo, su mujer le echaba del domicilio". Como consecuencia de ello, solo se lleva a casa la cabeza de los corzos.

¿Qué debemos hacer?

Esto es evidentemente personal e intransferible, pero parece razonable que en la caza mayor de ungulados -como símbolo de respeto por el animal abatido- aunque el cazador no tenga ninguna necesidad de "aportar carne a casa", debería llevarse al menos una muestra de la carne, como por ejemplo los lomos, aunque sean para regalar y el resto para los lobos.

Estos pequeños detalles dignifican la caza, y ante la opinión pública -mayoritariamente no cazadora y detractora de la actividad- aparecería mejor vista.

En la caza menor, normalmente se aprovecha toda la carne -excepto las vísceras- ya que sus dimensiones así lo aconsejan.

Hablando de carne, en algunas zonas la densidad de jabalíes, hembras de cérvidos y hembras de cabra montés, etc. justificaría la intervención sistemática y decidida en el sentido de reducir poblaciones y enviar grandes cantidades de carne de caza a los bancos de alimentos, Cáritas, Cruz Roja y otras instituciones benéficas, porque con todos los respetos para los carroñeros silvestres, los niños con necesidades están primero.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine