Zamoreando

Habrá que acostumbrarse

Los populistas también se dedican a cultivar el nepotismo en sus cargos

07.07.2015 | 08:42
Carmen Ferreras

Con el cambio político que se ha producido en tantas instituciones, estaba previsto un cambio de comportamientos, de actitudes, de formas de hacer y decir, de maneras, un cambio en profundidad que se vendió como regenerador de la vida democrática, como necesario, como honesto, como útil para los intereses de los ciudadanos. Era humo. Solo humo. El sobrinísimo de Manuela Carmena ya se ha incorporado a su trabajo y la pareja de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, ha estrenado también su cargo sin publicar el salario. ¡Viva la transparencia!

Y porque hubo una filtración que obligo a la regidora y a Barcelona en Comú, su formación política, a realizar sendos comunicados para salir al paso de lo que, a ojos de la oposición, fue un caso descarado de nepotismo, porque no estaban por la labor de airearlo. Yo creí, tonta de mí, que esas actitudes eran propias del PP y del PSOE. Que la corrupción, el amiguismo y el nepotismo lo habían inventado el PP con ayuda de Bárcenas y el PSOE con la inestimable colaboración de Chaves y Griñán. Pues no. Parece ser que todos, una vez que tocan poder, cojean del mismo pie. Vamos que esa marcha les pone. Para esta gente ni salsa, ni ballenato. Esta gente se mueve al ritmo del "money, money, money" con o son Liza Minnelli cantando la celebérrima canción.

En el fondo no me sorprende. Se cambian el collar pero siguen siendo los mismos perros. Lo que si me deja fuera de juego es que Ada Colau haya propuesto a la activista murciana Águeda Bañón, como directora de Comunicación del Ayuntamiento de Barcelona. Que no, que nadie piense que servidora cuestiona el currículum académico de Bañón, su activismo o su vena artística. A lo que me cuesta acostumbrarme es a las aficiones de esta señora, de las que blasona y se enorgullece.

Ahí están sus fotografías, abierta de piernas y orinando en la Gran Vía de Murcia, con los pantalones bajados ante la puerta de Brandenburgo o transmutada en chico con un pene de plástico asomándole por la gabardina. Además, la Bañón se defiende alegando: "Son mis aficiones. Es como si a otro le gusta el macramé". Sí, pero el macramé no genera alarma social y esas actitudes y comportamientos, además de escandalosas, crean desconfianza, son indecorosas o como poco desvergonzadas. ¿Dónde está la sensibilidad femenina de esta señora que se muestra tan orgullosa de todo lo que ha hecho? A lo hecho pecho, y la Bañón tiene el pecho henchido por las proezas, por las hazañas pasadas que le pasan factura en el presente. Eso sin contar su afición por la pornografía alternativa.

A lo mejor eso es lo moderno, lo ¡guay!, la tendencia, lo que llega desde el populismo.

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