Del edificio del Consejo Consultivo

Los ciudadanos tardaremos en descubrir las altas razones que sostienen esta proeza arquitectónica

02.07.2015 | 08:34
Antonio Viloria

Hablar del edificio del Consejo Consultivo construido en la zona de la Catedral de Zamora es muy sano para la coherencia de la salud mental de los que nos dedicamos a pensar en los problemas de nuestra ciudad. Pero como la información de las decisiones referentes a su urbanismo es un bien de escasa difusión, nos vemos obligados a plantear hipótesis que nos expliquen, por lo menos de forma provisional, los vericuetos que tiene que pasar todo proyecto antes de llegar a su aprobación. Y así, empezamos por tratar de meternos en la cabeza del arquitecto Campo Baeza autor del proyecto aludido, en que hablando para sí pensaría: "A estos zamoranos, les voy a epatar con la idea que tengo pensada. Y que está inspirada en un proyecto de Le Corbusier de los años 30, cuando era un joven que quería revolucionar este arte y suponía todo un reto el transgredir los condicionantes del entorno en que se iba a asentar el edificio y así, rompiendo con las formas delimitadoras de la parcela el edificio va su aire, y además por ser cristalino, que en medio de París va a ser toda una sorpresa"?. Y así es como surgió la "cité de refuge". Y es, que este caso me viene como anillo al dedo porque, seguía diciéndose, aquí tengo una parcela amplia en donde puedo construir dentro un bloque como si fuese un chalé, con un perímetro que no coincide con el de la parcela y una arquitectura audaz que imprima un aire provocativo frente a un entorno con claro carácter monumental. A partir de ahí cumplo con las tesis de "Corbu" en las que reivindico el papel de la obra de arquitectura como una aportación que abre futuro en la definición de la forma urbana. Esto lo entenderá la gente cuando vean mi obra hecha. Lo que logró imaginar el gran maestro y que luego lo alteró bastante, (porque las autoridades de París no se lo permitieron) yo lo voy a conseguir de la forma más limpia".

Meses después, el arquitecto comparece ante la Comisión de Patrimonio. Y estos señores con acento compungido al ver las formas modernas del más puro estilo corbuseriano le insinúan: "¿No te parecen exageradas tantas paredes de cristal, que nosotros tendremos que limpiar ,y con unos consejeros que van a ser escrutados desde la calle? Además, ¿Por qué no pones piedra ? que a nosotros nos gusta la piedra". El ilustre arquitecto contrariado por la posición en que se han puesto los comisionados, defiende su idea con los argumentos del viejo maestro y al final da con la solución y contesta rápido: "No os preocupéis. Lo que hacemos es ponerle una tapia alrededor de la parcela y para que no haya más dudas la revestimos con la misma piedra que la de la Catedral". Entonces, todos a una, respiran aliviados después de tanta tensión: "Qué grande es nuestro arquitecto y, qué sensible que hasta se para a complacernos ante estos escrúpulos nuestros".

Esta es una versión imaginada de los forcejeos que haberlos ha habido y que son naturales en cualquier proyecto entre su autor y la Comisión de Patrimonio.

Pero sigo preguntándome, ¿cómo la idea del arquitecto, ha podido salvar tantos escollos de tipo urbanístico y de los propios usuarios, altos dignatarios del Estado, que van a verse encerrados en un recinto, que les va a separar del medio urbano y precisamente en un punto que concita el fervor y adhesión de todos los zamoranos?

Y yo añadiría, ¿es que la ciudad en sí no tiene como unas condiciones que hay que investigar para desarrollar una forma que vaya completándose, enriqueciéndola?

Hasta eso el arquitecto le niega a su obra el poder de transmisión de esas imágenes que se incorporen a otras diversas, legadas por la historia. Y las encierra detrás de un muro. En resumen, olvido de la ciudad. Pero también desde el sentido de la política, este diseño desarrolla un efecto disociativo, ignorante del espacio público, más en el sentido del misterio de las religiones orientales, menos en el demos abierto de las instituciones de la cultura griega.

En resumen, que los ciudadanos, tardaremos en comprender otras altas razones, hasta ahora ocultas, que otorguen la carta de naturaleza a esta proeza arquitectónica.

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