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¡Vaya familia!

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¡Vaya familia!
¡Vaya familia!  

DAVID VILLALÓN Hoy recordamos a la Sagrada Familia de Nazaret: José, su esposa la Virgen María y el Hijo de Dios, Jesús. La Palabra que Dios nos dirige a cada uno de nosotros hoy tiene como tema principal la familia. ¿Pero qué tipo de familia? Pues la familia en la que Dios hecho hombre nació y se crió. Ésta es la familia que el Padre quiso para su hijo Jesucristo. Y con ello bendijo y potenció esta institución humana como la más propia para que los hombres nos desarrollásemos. Pero, ¿qué es lo que mantiene unida a la familia? ¿Los lazos de la sangre compartida? No, no es la sangre, que tiene su influencia en la cohesión familiar pero no es lo fundamental. ¿El respeto? ¿El interés económico? ¿La solidaridad entre sus miembros? No, ninguno de estos aspectos es determinante. Lo que mantiene unida la familia es el amor. El amor de los esposos entre sí y el amor de los hijos hacia los padres y viceversa. Si no hay amor es muy difícil que la familia siga adelante. Pero porque hay amor se pueden superar todos los problemas, por muy graves que sean. Si hay amor, todo es más fácil. No está todo hecho, no. Todo es más fácil. Y, ¿quién es el amor, cuál es la fuente de ese amor? Dios, su Hijo Jesucristo y el Espíritu Santo que envía a su Iglesia, a nosotros.

En un primer vistazo, la segunda lectura nos parece un texto que va contra la mujer. «Ya está aquí el misógino de San Pablo». Nada más lejos de la realidad. Cuando se escribió esta carta, en pleno siglo I, la condición de la mujer era la de ser un objeto, propiedad primero del padre y después del esposo o de los hijos cuando quedaba viuda. Nadie las tenía en consideración. Los textos cristianos son revolucionarios en la concepción de la dignidad de la mujer. Se pide a los esposos que amen a sus mujeres y que las traten bien. Nadie en la sociedad de la época había ido tan lejos. ¿Amar a una mujer? Amar a una mujer era como amar a una silla. Luego algo había cambiado con la venida de Cristo. No es posible que se pida amar a una cosa. Así pues la mujer tiene la misma dignidad que el varón, porque así lo ha establecido Dios. Y lo mismo con los hijos, que eran una pertenencia personal del padre. Hay que amarlos, luego su categoría ya se eleva. No son una cosa, son personas. Y esto dicho a los cristianos de Colosas. Simplemente hay que leer el texto y analizar la sociedad del momento histórico en el que se escribió. Así recuperaremos todo su sentido y saldremos de los tópicos interesados, llegando a la verdad profunda que encierran. Dios nos ama a todos por igual, y deseando lo mejor para cada uno pone a la familia como la mejor estructura en la sociedad, con validez permanente, ¿o no?

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