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JOSÉ MIGUEL MATEOS | RESPONSABLE DE POLÍTICA LOCAL DE UPYD ZAMORA Además de la lógica alegría de los zamoranos con la selección nacional de fútbol, hemos sido agraciados (en mi modesta opinión) con otra estupenda noticia. No ha sido como para que «toda Zamora» se eche a la calle aunque hay quien jura haber visto la misma noche en que se conoció la noticia a dos individuos, uno mayor y otro bastante más joven, darse un eufórico chapuzón en la fuente de la Marina envueltos en la «Seña Bermeja».
La noticia: el anuncio de un acuerdo para el establecimiento en nuestra capital de una sede para los cursos de la muy prestigiosa «Fundación Ortega-Marañón».
Desde la «Fundación Rei Afonso Henriques» han manifestado sus reticencias y esto entra dentro de lo lógico dado que va a tener que compartir dependencias y sobre todo por la forma con la que se ha ninguneado a algún funcionario. Pero que PSOE e IU sigan entendiendo que ser oposición es oponerse sistemáticamente a todo, «al enemigo ni agua», le hacen un flaco favor a la ciudad y a su propia credibilidad (alguna vez el contrario puede acertar aunque sea por error). No han tardado un solo segundo en empezar a poner pegas: que si duplicará funciones con la FRAH, que si nos va a salir cara, que mejor que fueran cursos organizados por una universidad pública y que fueran gratuitos. Pues no, las instalaciones elegidas son adecuadas para empezar la actividad, la relación coste beneficio para la ciudad es manifiesta y si tenemos que fiarnos de las promesas de las universidades públicas de la región (la «Universidad de Salamanca» principalmente) de organizar en Zamora cursos post-grado o de Español para extranjeros, apañados vamos (lo de gratuitos es ya una coletilla obligada en algunos partidos). ¿Qué problema hay en reconocer que se trata de un proyecto esperanzador?
Otro asunto es el proceso seguido hasta llegar a este punto. Las cosas por estos lares se hacen mal, pero no solo por ineficacia sino por pura perversión de los mínimos valores éticos que deberían regir la res publica. La mayoría de nuestros poderes político-económicos casi siempre anteponen sus propios intereses y los de algunos particulares al bien común y de esta forma constituyen una rémora casi insuperable para nuestras legítimas aspiraciones de progreso.
El affaire de las fundaciones y sus cursos lleva rondando un par de lustros y siempre he tenido la sensación de estar ante la trama de una novela de Agatha Christie: todos tuvieron sus motivos y todos tuvieron la oportunidad de cometer el crimen, cargarse el proyecto y cortarle así las alas a su impulsor. No descarten una repetición de la historia porque parece que esta forma de hacer es ya intrínseca a algunas naturalezas políticas.
Por ello hablar de la actuación que el PP zamorano ha tenido desde el principio en este asunto es hablar de lo mismo de siempre. Su fuerza, que son sus votos cautivos de una férrea militancia (que fea palabra para la política), de unas bien tejidas y amplias redes clientelares (¿cómo seguirán engrasando sus mecanismos en esta época de penuria?), de una población con el sentido crítico anestesiado, es también debilidad ante sus jerarcas políticos, carecen de toda autonomía e influencia fuera de nuestra provincia (lo que es esencial para obtener resultados en esa forma de ejercer la política). ¡Qué es lo que habría en juego en la aprobación del PGOU para que esta vez el PP regional moviera los hilos! Incluso ha «convencido» a la USAL (extraña autonomía universitaria).
En su día se dijo que el proyecto podría ser el embrión para crear una universidad zamorana, lo que no era de extrañar en esa época, ya que cada capital de provincia o pueblo de cierta entidad aspiraba al disparate de contar con una propia. La Universidad y los cursos de español son la principal «industria» salmantina, y no es que se pretendiese hacer la competencia a tan centenaria institución, pero costó lo suyo que soltaran cuatro migajas. No hay más que ver las enseñanzas implantadas en el magnífico y desaprovechado Campus Viriato. Y ahora, no se sabe si para ocupar espacio, por chinchar a ADEIZA (pisándole un proyecto) o vaya usted a saber por qué, la universidad se precipita a anunciar un Museo de la Pedagogía, ni más ni menos, en el Campus. Y todavía habrá quien haga alarde en positivo de la pedagogía política de este bochornoso proceso que nos ocupa. En todo caso constatamos que la USAL también se suma a la obsesión museística institucional que nos invade. Está visto que entre unos y otros no pararán hasta que Zamora se convierta toda ella en un museo.
Y así podríamos seguir con el papel desempeñado por otros poderes siempre cicateros con Zamora. En definitiva, todo un panorama lo más alejado de los principios que representaba y representa la Fundación Ortega y Gasset, ahora Ortega-Marañón, tan próxima a la excelencia en su labor y tan alejada de sectarismos y partidismos.
Aun a riesgo de ser injusto, no creo que se pueda obviar el tema personal. Siempre tuve en la mayor consideración al profesor Mateos. Debió ser frustrante para él todo lo que pasó y en cierto modo es admirable que alguien no dé por perdido su sueño, que sea leal a los proyectos a los que generosamente se entregó por el bien común, aunque para ello tuviera que luchar contra gigantes. Pero cuando para lograr un supuesto fin común uno es capaz de traicionar este fin votando a favor de un disparatado PGOU que es la norma más determinante para el futuro de una ciudad (ya que afecta no sólo a la economía municipal sino a todos los aspectos de las vidas de sus ciudadanos) el fin deja de ser común y ya sólo se puede entender como particular. Algo así era de esperar de alguien que declarándose contundentemente como liberal (con una clara pátina elitista) creara un partido localista (sirviéndose del más burdo populismo) para ser «la llave» que mantuviera en el poder a la derecha y sus intereses asociados de siempre (jamás consideró seriamente otra posibilidad), la misma derecha sectaria y provinciana que le segó sus sueños. Creyó que siendo «la llave» podría domesticarla hasta hacerla comer de su mano, sino con gratitud sí por necesidad. Esté seguro, le volverán a devorar a la primera oportunidad que se presente.
«Ser liberales es, precisamente, estas dos cosas: primero, estar dispuesto a entenderse con el que piensa de otro modo; segundo, no admitir jamás que el fin justifica los medios, sino que, por el contrario, son los medios los que justifican el fin. El liberalismo es pues, una conducta y, por tanto, mucho más que una política. Y como tal conducta, no requiere profesiones de fe, sino ejercerla de un modo natural, sin exhibirla ni ostentarla. Se debe ser liberal sin darse cuenta, como se es limpio o como por instinto, nos resistimos a mentir». Gregorio Marañón, Ensayos Liberales.
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