HERMINIO RAMOS
El sonido de viejas músicas, la indumentaria con los textos como bandera, los rincones y los restos adquieren dimensiones y valores de tal categoría que constituyen auténticas lecciones sobre nuestra historia, que curiosamente está situada en el mismo corazón de esos siglos de sueños, de romances y de cábalas, de figuras cargadas de nobles valores y de personajes que envueltos en las túnicas del misterio unas veces, de la pasión casi siempre, mantuvieron la historia tan viva y apretada que las páginas se cuentan por miles y la fantasía y las leyendas la inundan por doquier.
Seguimos estos escenarios y nos acercamos con la memoria a los textos que a veces nos dan escalofríos y otras nos levantan el ánimo y provocan una breve sonrisa de ironía ante el doble sentido de las frases que el romancero nos ofrece y los actores nos recitan con soltura y una elegante dicción. No hace falta apretar demasiado nuestra historia para sacarle cuantos actos queramos y sobre el espejo del padre Duero, esa lámina comprendida entre el Puente de Piedra, aunque le falte su célebre torre, San Francisco y las Peñas de Santa Marta con sus tres escalones del adarve con el Mirador, la carretera y la margen del río constituyen un auténtico hemiciclo que espera el gran guión histórico literario que acompañado por la luz y la música nos proporcione en varias sesiones ese rico filón de la historia que a su vez reflejada sobre la placidez de las aguas nos entregue una pieza más de ese gigantesco tesoro celosamente guardado, que espera su puesta a punto y su revalorización, tras los dolorosos olvidos y los no menos trágicos derribos y destrozos originados por el egoísmo y aprovechamiento desmedidos y la indigencia cultural de los responsables.
A lo largo del verano, vamos a disfrutar de esas recreaciones, que nos van a devolver junto a la literatura y la historia, el recuerdo de aquellos textos que para cada uno, en las décadas correspondientes, fueron motivo de atracción, de preocupación o de un septiembre que nos esperaba como oportunidad. El tiempo, nos devuelve esa frase o ese verso; un nombre o una calle nos espera y nos lleva a sentir de cerca todo ese mundo histórico literario, que está en la base y en el alma de nuestra ciudad, de nuestra historia y a veces sin darnos cuenta hasta cerca de la familia por esos avatares de la vida y de las décadas de la historia.
Verano medieval, un capítulo y una obra a disfrutar sobre los mismos escenarios donde hace casi un milenio, los Zamora de entonces dejaron su huella. Bienvenido este verano medieval con sus innovaciones y acertadas afirmaciones.