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ÁNGEL LAS NAVAS PAGÁN Toda ella es un inmenso y valioso museo con numerosos monumentos histórico-artísticos en donde se remansa serenamente muchos siglos de historia y leyenda. Toda esta típica y pintoresca urbe medieval gira alrededor del apóstol Santiago, que en sus correrías misioneras evangelizó estas tierras, volviendo después a Jerusalén, en donde padeció martirio por orden de Herodes. Sus discípulos recogieron el cuerpo y por barco, en una milagrosa navegación según la tradición, lo trasladaron a España, en donde fue enterrado en un lugar de Galicia llamado Ira Flavia y permaneció olvidado durante mucho tiempo. En el año 814, ante evidentes hechos prodigiosos como resplandores, luminarias y «lluvias de estrellas» sobre este determinado sitio, el obispo Teodomiro realizó investigaciones y, con las debidas comprobaciones, descubrió la tumba del apóstol. Sobre ella, y después de varias construcciones primitivas, se levantaría la grandiosa catedral románica actual, que data de los siglos XI y XII.
La noticia del hallazgo del sepulcro del apóstol, en el siglo IX, se extendió por toda la Cristiandad. Y empezaron las peregrinaciones, que habrían de adquirir gran importancia en las siguientes centurias, rivalizando con las de Roma y Tierra Santa. Santiago de Compostela se convirtió en un gran centro espiritual durante el medievo europeo. Y la figura del apóstol llegó a ser decisiva en la larga guerra de la Reconquista contra el Islam. La devoción a Santiago dio origen a una gran orden militar, que jugó un relevante papel en esta lucha. Se le declaró Patrono de España y también del Arma de Caballería de su Ejército. Pero, lo que yo deseo destacar en este artículo es la singular figura del peregrino, que empezó su aventura en el citado siglo IX para visitar la milagrosa tumba del apóstol, alcanzando estas peregrinaciones su apogeo en el XVI, para decaer en el XVIII y XIX y volver en éste a adquirir nuevo auge.
Los peregrinos (muchas veces enfrentándose con duras condiciones climatológicas, malos caminos, peores posadas, largos trayectos de penosas caminatas de semanas y aún de meses) acudían a Santiago de Compostela desde todos los rincones de Europa, impulsados por el ideal religioso, para conseguir un «favor» o el cumplimiento de una promesa. En realidad, fueron los heroicos pioneros, sin medios ni comodidades, del moderno turismo tan en boga hoy en los países desarrollados. Y que tanta influencia tiene en los ambientes culturales y sociales de todos los países, aparte del aspecto económico.
Situándonos en la lejana y misteriosa Edad Media, en la que por las muchas dificultades existentes apenas se viajaba habitualmente, salvo casos extremos, fuera de cortas distancias, la dura aventura de los peregrinos a Santiago de Compostela durante tantas centurias con largos o larguísimos recorridos a pie o en lentas caballerías, constituye toda una hazaña y hasta un récord deportivo. Una peregrinación a Santiago de Compostela en los tiempos del medievo, e incluso en épocas bastante posteriores, tal como estaban las circunstancias, representaba una prueba muy dura, que exigía gran resistencia física, espíritu de sacrificio y valor. Sólo un alto ideal o una gran ilusión sobrenatural pudo superar, en tantos miles y miles de peregrinos, hartas penalidades y riesgos. No pocos dejaron la vida en el empeño, otros enfermaron y muchos se quedaron a vivir en España, contrayendo matrimonio e integrándose en la rústica sociedad medieval.
Esta caudalosa riada de visitantes, de todas las condiciones y categorías sociales del mundo cristiano, a Santiago de Compostela, enriqueció notablemente la cultura, el arte, la ciencia y la técnica de los pueblos de la geografía hispana, situados desde la frontera francesa a lo largo del «camino» (que se hizo famoso) y que seguían los peregrinos hasta la anhelada ciudad del sepulcro del apóstol, que transformaron en una gran urbe universal. En dichas poblaciones se construyeron hospederías, refugios, iglesias y hospitales para atender a estas buenas gentes. Hasta fue motivo primordial de la célebre Orden Militar de Santiago ayudar y proteger a los peregrinos. Estos supusieron una savia nueva, en diversas regiones de la geografía peninsular, con su correspondiente e importante influencia. Hoy siguen llegando peregrinos de todas las latitudes del planeta a Santiago de Compostela, particularmente en los Años Santos, para obtener sus beneficios y gracias espirituales, utilizando los modernos, cómodos y rápidos medios de transporte de nuestra época; aunque una minoría, románticamente, lo siguen haciendo a pie, evocando e imitando a sus heroicos antecesores de la Edad Media, ya convertida en legendaria leyenda.
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