JUAN JESÚS RODERO
Interesante y oportuno, sobre todo ahora que la Junta de Castilla y León asegura pretender corregir las desigualdades territoriales, es el informe que sobre el desarrollo de la provincia de Zamora ha realizado el sociólogo José Manuel del Barrio, un prestigioso experto en la materia. Porque los índices de progreso de la capital son de sobra conocidos a través de numerosos estudios socioeconómicos de nivel nacional, pero no suele ocurrir otro tanto respecto a los pueblos zamoranos.
Aunque de siempre se sabe, al margen de datos, por pura percepción, cuáles son las zonas más desarrolladas y más pobres de la provincia. Luego, son esos datos los que vienen a ratificar una situación que es de suponer sea conocida por la Diputación y sobre la cual se vayan tomando medidas dentro de lo que cabe. Que los municipios cercanos a la capital, algunos, resulten los más prósperos en los últimos años, es un hecho bastante generalizado en todos los sitios, por lo que tampoco cabe sorprenderse mucho aunque sí alegrarse. Y que Aliste y Sayago continúen siendo las comarcas más deprimidas tampoco supone ninguna novedad en Zamora, por desgracia.
Según el informe presentado y publicado por el Instituto de Estudios Zamoranos, que por cierto está llevando a cabo una notabilísima labor en todos los aspectos, estas dos comarcas están en buena parte de su territorio por bajo de la media de desarrollo provincial. No es que no hayan mejorado en los últimos tiempos, porque en verdad han mejorado sensiblemente y a la vista está, pero todavía falta bastante por mejorar, esa es la cuestión, empezando por unas infraestructuras que ayuden a aliviar las condiciones naturales de ambas zonas. Es duro reconocer que en una misma provincia pueda haber tan serias diferencias en orden al progreso conseguido y a las perspectivas de futuro.
En el lado opuesto, como ya se ha señalado, con los mayores niveles de desarrollo, una serie de pueblos entre los que destaca encabezando el ranking Morales del Vino, que ya lleva tiempo ocupando el liderazgo debido posiblemente a ser desde siempre la primera ciudad-dormitorio de Zamora, senda que han continuado otras localidades del alfoz como Valcabado y Arcenillas. La capital, y tampoco es que sorprenda demasiado, ocupa sólo el cuarto o quinto lugar de esta relación de la distribución de la riqueza y la pobreza provinciales. Con Benavente, Puebla, Fuentesaúco, Alcañices, Villalpando y otras, entre las cuales no aparece en puestos preferentes la ciudad de Toro.
Tan interesante como el informe resulta una de las conclusiones que extrae el autor del mismo y es que según se desprende de los datos obtenidos en el trabajo de campo, la situación demográfica de los municipios mejora a medida que aumenta el nivel de estudios de sus residentes, lo que lleva a unos indicadores económicos también más positivos. Y lo que supone, en palabras de José Manuel del Barrio, que fomentar e incrementar el nivel de estudios de la población debería ser una de las estrategias fundamentales para favorecer el desarrollo de la provincia. Nada más cierto y realista.