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MARÍA PILAR ARLANZÓN La VIII edición del Pórtico ha superado su primera semana cubriendo sobradamente los objetivos marcados. El lema del Festival nos ha ofrecido tres ráfagas luminosas llenas de musicalidad, finura, sobriedad no exenta de calidad y emotividad.
La programación enraizada en el mundo barroco, donde destaca el contraste y el impresionar, lo reflejó ya en su primer concierto dedicado a la mitología contrastando con el siguiente, dedicado a la religiosidad de la música de Salazar, para cerrar con el barroco alemán de Bach y Händel tan opuestos y tan complementarios. Puro contraste que impresionó y deleitó al auditorio.
San Cipriano abrió sus puertas al «Ensamble Ausonie» arropando a la soprano Eugenie Warnier y al bajo Arnaud Richard interpretando pasajes de las óperas «Zais» y «Zoroastro» del francés J. P. Rameau. Destacar la actuación del bajo A. Richard dando vida a varios personajes y dejando pinceladas de su portentosa fuerza vocal e interpretativa. La cara lírica y dulce la puso la soprano E. Warnier que mostró su melodioso timbre y virtuosismo, de modo especial, en el aria de «Zalidia».
Los instrumentos destacaron por la sobriedad en el acompañamiento a la voz, en las partes de las danzas del ballet, característico en la ópera francesa, y la percusión creando ese clímax profundo y desgarrador exigido en la partitura. Todo ello bajo la dirección sobria y ajustada del maestro F. Haas.
La música del maestro Juan García de Salazar fue una sorpresa y un encuentro muy agradable. Hondura, virtuosismo, espiritualidad, expresividad, sintonía música-texto, elementos todos ellos que hacen de su música algo sublime. La perfecta y efectista escenificación ayudó a mantener la atención del público y a disfrutar del evento.
Juan Carlos Asensio y su «Schola Antiqua» volvieron a mostrar su perfecto dominio de la monodía y que el gregoriano no tiene secretos para ellos. Albert Recasens con su «Grande Chapelle» nos ofrecieron una brillante, ajustada y virtuosística versión de la polifonía de Salazar. Su perfecta sincronización con la «Schola Antiqua» dio como resultado una velada memorable, llena de calidad y pletórica de añoranzas. Algo similar se vivía en la catedral zamorana.
La velada dominical estuvo dedicada al clavecinista Nicolau de Figueiredo que nos presentó dos enfoques del barroco alemán distintos y, a la vez, complementarios con obras de J. S. Bach y de G. F. Händel.
Figueiredo nos brindó una versión llena de virtuosismo y sensibilidad que facilitó la expresividad y profundidad de la música de ambos. Fue una muestra de que para Figueiredo el clave no tiene secretos y su técnica arranca de sus cuerdas toda la riqueza tímbrica que encierra.
Puso el broche de oro a la actuación el aria «Vo far guerra» de la ópera «Rinaldo» de Händel, en donde el compositor alemán nos dejó una muestra de su buen hacer y facilidad creativa.
El «Pórtico 2010» continuará el próximo fin de semana y esperamos mantenga el mismo nivel en los cuatro conciertos programados.
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