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HEMEROTECA » |
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DONACIANO BARTOLOMÉ CRESPO Hace días cenaba con dos senadores y en el fondo me daban algo de lástima. Eran buenas personas y honestos en su trabajo pero el peso de las siglas les aplasta e individualmente pueden poco, se encuentran algo disminuidos. Tal vez podrían ser más claros y decir no podemos atender tantas esperanzas como ponemos en ellos. Son otros los que nos lo impiden. Lo cierto es que por la red circulan mensajes, acordes en gran medida con la realidad, que asustan y dan miedo. Pero los interesados callan. La política está siendo objeto de un gran descrédito y muchos políticos también. Y en parte con razón y argumentos. Dan la impresión que se interesan a sí mismos. Y los asuntos del país les trae al fresco. Ellos, en una buena mayoría tienen sus ingresos asegurados y de crisis ni sentirla y lo mismo sus aparatos de partido. No falta de nada.
Los militantes apenas se atreven a hablar o a criticar a sus partidos. Todos se echan encima de ellos y ellos tienen miedo a perder sus privilegios. Hemos tenido casos de todos los colores. Dice por ejemplo el presidente de Castilla La Mancha que hay que reformar el Gobierno de la nación y al minuto es desautorizado; preguntan a Gallardón sobre Rajoy y comenta que no dirá nada, que él quiere seguir siendo alcalde. El contrario lo hace todo mal. El país da la impresión que no les importa nada y los ciudadanos menos aún. Seguro que a estas alturas andan liados preparando listas de buenas y competentes personas para poder optar a tantos cargos y puestos de confianza como se van a precisar para todas las elecciones que se avecinan. En el fondo no resultará fácil decir a más de uno que su nombre y sobre todo su vida está contaminada para la acción ejemplar que se espera de ellos.
Y no estaría mal que cada partido preparase una biografía clara con los datos de sus candidatos. Bien es verdad que donde se conocen, no precisan presentación. Es curioso que en los pueblos no pocos renuncian a hacer campaña, puesto que como ellos dicen, que les juzguen por su hechos que son claros y, no pocos. Y lo curioso es que repiten y se repite la confianza en los mismos. La sigla importa poco, se valora la persona y sabemos que ella no es sino un aditamento para estar más arropados el día de mañana. Si la ideología partidista entra, las cosas se complican. Tal vez en esta situación de desconfianza ante las siglas, para muchos humillante y no merecida, podría venir una renovación desde la renuncia a la misma y proponerse como independientes o mostrar menos obediencia a los grandes jefes, como ha ocurrido con las solicitudes para recibir el cementerio nuclear y los beneficios parejos, ya que los resultados podrían ser los mismos y ante los estandartes de la sigla quedaría por una vez manifiesto que la ideología importa bastante menos de lo que los grandes aparatos piensan y se creen. No soy un experto, pero las voces son tantas que se llega a dudar si este sistema de dos grandes partidos es lo mejor. No pocas veces el mucho talento y la buena voluntad y hasta el mucho trabajo, desinterés y abnegación que a nadie se le niega quedan en la penumbra ante la descalificación que en nombre de la sigla tienen que hacer de lo que el rival hace y que no es tan malo. Cuando lo que interesa es el pueblo y su bienestar es el tiempo de grandes y hasta arriesgadas acciones. Es la hora de al pan pan y al vino vino. Lo traiga quien lo traiga.
Y recuerdo como tantos aquella fábula de Samaniego (1745-1801): Por entre unas matas seguido de perros (no diré corría) volaba un conejo. De su madriguera salió un compañero, y le dijo: «Tente, amigo, ¿qué es esto?». «¿Qué ha de ser? responde. Sin aliento llego... Dos pícaros galgos me vienen siguiendo». «Sí, replica el otro, por allí los veo... Pero no son galgos». «Pues ¿qué son?». -«¡Podencos!». «¡Qué! ¿podencos dices?». «Sí, como mi abuelo». «Galgos y muy galgos: bien visto lo tengo». «Son podencos: vaya, que no entiendes de eso». «Son galgos, te digo». «Digo que podencos». En esta disputa llegando los perros, pillan descuidados a mis dos conejos. Moraleja: Los que por cuestiones de poco momento dejan lo que importa, llévense este ejemplo. No debemos detenernos en cuestiones frívolas, asunto principal. España va mal gritan todos. Pues arréglenla.
Esopo (sigo IV a. C.) nos dejó otra fábula: Cansadas las ranas del propio desorden y anarquía en que vivían, mandaron una delegación a Zeus para que les enviara un rey. Zeus, atendiendo su petición, les envió un grueso leño a su charca. Espantadas las ranas por el ruido que hizo el leño al caer, se escondieron donde mejor pudieron. Por fin, viendo que el leño no se movía más, fueron saliendo a la superficie y dada la quietud que predominaba, empezaron a sentir tan grande desprecio por el nuevo rey, que brincaban sobre él y se le sentaban encima, burlándose sin descanso. Y así, sintiéndose humilladas por tener de monarca a un simple madero, volvieron donde Zeus, pidiéndole que les cambiara al rey, pues éste era demasiado tranquilo. Indignado Zeus, les mandó una activa serpiente de agua que, una a una, las atrapó y devoró a todas sin compasión. Moraleja. A la hora de elegir los gobernantes, es mejor escoger a uno sencillo y honesto, en vez de a uno malvado o corrupto.
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