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HEMEROTECA » |
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CELEDONIO PÉREZ La tijera, inmisericorde, tras-tras, guillotina sarmiento tras sarmiento, algunos a ras de la madre cepa, otros por encima de la segunda yema. Vara y pulgar o doble pulgar, que la carta es amplia y el primer podador fue un asno que rebañó las vides hasta el hambre de dos días. El hombre, con doble coraza contra el frío, capa los brazos de la hidra despeinada y achata la figura de la cepa, que se cuelga del cielo asida a cinco dedos puntiagudos.
El galgo, salido del Quijote con sus huesos de percha desvencijada, asusta al podador. Ahí está, parado a cinco metros, a ocho cepas, con mirada caída. De capa tiznada de canela, de ojos mendicantes, tristes. «¿Qué pasa?», le pregunta el podador después de recuperarse del susto. «¿Te has perdido?». El animal entiende, baja la cabeza. Contesta tumbándose sobre las patas delanteras, sumiso pero precavido, dispuesto para salir corriendo si fuera necesario. El desconocido sigue encorvado, cortando aquí y allá, sin hacer caso. No es peligroso, piensa el galgo.
El podador sigue a lo suyo, aunque de vez en cuando mira, revirado, entre los «chupones» que colonizan las raíces de las cepas. Ahí está, tan tranquilo, como si estuviera esperando a que el hombre se acercara. Pero no. El tiempo, a veces, se vuelve hacia dentro y corre al revés.
«El Consejo de Ministros ha aprobado esta mañana un documento con las bases de la reforma laboral. Rodríguez Zapatero lo presentará esta tarde a los periodistas, una vez que concluya la reunión con la patronal y los sindicatos...». La radio continúa, monocorde, dejando caer su mensaje pesimista. El sol, enfermo y cansado, no se atreve a golpear con fuerza la cáscara de la tarde opaca, que suda humedad. Hace mutis. Son las siete y la luz se ha ido a esconder tras Matachivas.
El podador recoge los trastos y se dirige al coche aparcado en el camino. El galgo le sigue, pero cuando ya está cerca del vehículo, da la vuelta y se va hacia el testero, plagado de pinos enanos y chaguazos. Desaparece.
Al día siguiente y al otro, el galgo vuelve a la viña. Allí está el podador y la escena se repite. «Ya estás aquí, ¿dónde has dormido?». El hombre observa con detenimiento al pobre animal, que vuelve la cabeza. «¿Dónde está tu amo?». Y cuando intenta acercarse con la intención de acariciarlo, se aleja por el perdedero, justo cuando Rebollo marca el tercer gol del Lemona: «Ya no hay nada que hacer. El Zamora, otra vez se ha topado con la maldición de Arlonagusia. Las cosas se complican para el equipo rojiblanco...».
La viña se queda sin recuerdos.
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