LUCIANO PAJARES BEATO
Salgo de casa siguiendo el ritual de la costumbre, ensimismado en mis propios pensamientos olvido que sentado ante el ordenador he visto amanecer una mañana nebulosa de llovizna y voy sin paraguas; me arriesgo y sigo con la idea de dar el cotidiano paseo por La Mota, pero, después de sufrir los rigores de un chaparrón y los goterones de la arboleda, decido acortar mi aguado paseo matinal y esconderme tras de un ventanal en el Casino; y así, emulando a los estudiantes machadianos, escuchar y ver el monótono golpeteo del agua en los cristales ante un humeante café, y leer la prensa con tranquilidad.
En el bar de la institución, tres personas mayores, con la parsimonia que otorga la edad avanzada, ojean los distintos diarios y mantienen un coloquio moderado que apenas si transciende del espacio de la reunión; doy los buenos días, que apenas si son contestados, y, después de pedir un café, tomo un diario al albur y me acomodo en una mesa junto a un ventanal, mirando hacia la calle.
Estoy distraído leyendo los dramáticos y saineteros dimes y diretes del día a día de nuestro singular vivir y D. Manuel, el jubilado Catedrático de la Helmántica, sin haberlo oído llegar, me saluda y, con esa delicadeza que extrema en su educación y me anonada, solicita mi permiso para sentarse conmigo. Le sonrío, con un «está Vd. en su casa D. Manuel». Y dejo el diario sobre la mesa para hablar y, sobre todo, escucharle.
Él, que conoce mi afición a sus didácticos y mesurados discursos, me pregunta sobre lo que estaba leyendo.
Mi respuesta es concreta: «Estaba hojeando la melodramática actuación de Rajoy, y me parece que no es capaz de agarrar al toro por los cuernos y es trágico porque el PP, hoy por hoy, es la única solución a la crisis económica, ante la manifiesta ineptitud de este desgobierno».
Se remueve en el asiento me mira y, con mucha calma, me dice: «Yo, que no soy seguidor ni del Sr. Rajoy ni del Sr. Zapatero, como ciudadano cristiano católico, creo, al igual que tú, que este gobierno está traspasando los límites de ese sentido común que debe regir una sociedad medianamente sensata, y me preocupa lo económico, pero, sobre todo, me preocupa el porvenir de mis nietos y espero que este pueblo tenga un atisbo de sensatez y, cuando tenga que votar, sepa con claridad lo que le conviene. No entiendo tu preocupación por el Sr. Rajoy. El Sr. Rajoy, es sustituible, lo importante es el partido y el PP, no está involucrado en nada, son las personas y vividores hay en todas las partes».
Sólo puedo responder: «Tendrá usted toda la razón pero esto me huele mal».
Muy serio y despacito me responde: «Recuerda que un día de añoranzas africanas, nos hablabas del Sahara, nos decías que en el desierto los efectos ópticos son muchos y no quedan reducidos a los espejismos; nos dijiste que en Mhabbes, en la llanura del Sáhara junto a la frontera argelina, saliste a caminar buscando un bosque que nunca llegaba, que tardaste en darte cuenta que eran los troncos secos de las poquísimas plantas que estaban dispersas a cientos de metros unas de otras y daban la sensación de ser un bosque frondoso, ese es el efecto que consigue el PSOE sobre el PP con sus manejos judiciales; que los manojos secos del PP, simulen un bosque de corrupción. En el PSOE el efecto es el contrario, cuando aparece la corrupción aparece el partido y su aparato como un árbol maléfico y frondoso que tapa el bosque y todo queda escondido».
Hace un inciso y me dice: «Me voy a ir que veo que no llueve, pero te digo que creo que es sensato, aplicando el dicho Evangélico: por las obras os conocerán, que a los grupos políticos los reconozcamos por sus actuaciones; y entendiéndolo así, vengo de ir a poner al día la cartilla de ahorros y, después de lo que me han contado mis hijos que a alguno le han subido de IBI en estos dos últimos años hasta el 40%, a mí nada de nada: Así que a este jubilado, con la que está cayendo y porque es de bien nacidos ser agradecidos, sólo le queda decir: Gracias PP, Gracias señor alcalde».