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HEMEROTECA » |
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MARISOL LÓPEZ Desconocemos su nombre, aunque eso es lo de menos. Tiene algo más de treinta años y está hospitalizada en Burgos, donde la trasladaron cuando ya nada pudo hacerse por ella aquí en Zamora. Se debate al borde del abismo hacia el que la ha conducido la anorexia. Pesa 34 kilos. No está lo suficientemente obesa como para que ninguna institución reclame su custodia, como ocurre con el menor de Galicia. Es mayor de edad, legalmente decide por sí misma, aunque su mente esté enferma y distorsione su figura en los espejos. A su familia sólo le queda resignarse al infierno en el que lleva habitando desde hace años. Las madres de la Asociación Zamorana contra la Anorexia y la Bulimia conocen también los síntomas que cada vez afectan a más adolescentes: «hoy dejo de comer pan, que me han dicho que tengo el culo muy gordo». Niñas de catorce, quince años, algunas con tan sólo once. Y mujeres de más de treinta, de más de cuarenta, esclavizadas por una cultura de imágenes falsas y de culto desmedido a esbelteces imposibles. «Somos apenas un grano de arena en medio de una playa inmensa», exclaman, desoladas.
Hace apenas un par de años, en plena batalla en el Parlamento, se atisbó una cierta esperanza de que la sociedad se concienciara realmente sobre las consecuencias de esa enfermiza obsesión por la delgadez. Pero aquello sólo quedó en un estudio un tanto payaso que nos clasificaba a las mujeres según lo repartidas que tuviéramos las lorzas. Por lo demás, se sigue incidiendo más en aquello que tiene más envergadura. La anorexia o la bulimia son más fáciles de esconder. Las propias enfermas son especialistas en ocultar bajo una aparente normalidad el rechazo psicológico a la comida. Incluso son capaces de desplegar una vitalidad impresionante poco antes de tener que ser ingresadas por la pérdida de nutrientes que puede acarrearles la muerte. Algunas de ellas han llegado a ingerir más de veinte laxantes al día para librarse del lastre de lo que ellas pensaban que eran kilos de más. Una encuesta realizada por la Asociación entre estudiantes de Zamora da como resultado que más de un 20% de las chicas están por debajo del peso considerado como saludable por la Organización Mundial de la Salud.
Hay padres que participan en este circo de flaqueza regalando operaciones de estética a adolescentes sin formar. Unas buenas tetas como regalo de fin de curso. Se prohíbe la publicidad de tabaco o alcohol pero nadie parece haber reparado en los peligros de presentar intervenciones quirúrgicas como si se tratase de ir de compras. Demasiada arena para ese minúsculo granito que se siente impotente pero que desearía gritar que con ayuda y con medios se puede salir del infierno. «La gente también muere por esto. Si no se recibe el tratamiento adecuado se cronifica el problema de forma que el resto de su vida se convertirá en un lento suicidio». Lo dice una paciente con anorexia de 21 años que ha logrado triunfar sobre la enfermedad. Forma parte de ese granito de arena que todos deberíamos contribuir a engordar, sin miedo a perder la figura.
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