|
|
|
HEMEROTECA » |
|
EDITORIAL Cada fin de semana se nota un movimiento especial en los pueblos zamoranos, muy apagados en este tiempo de transición. El ámbito rural parece respirar por unas horas. Llegan gentes de fuera y otros muchos cazadores que viven en las ciudades retornan a sus lugares de origen. La caza, es evidente, tiene un efecto dinamizador y sirve para romper a saltos la monotonía del otoño, casi invierno. Pero, no acaba de subir del todo al otro nivel, al de actividad netamente creadora de riqueza y al de alternativa a la agricultura, cada vez más comprimida y deprimida. No ha conseguido la cinegética provincial situarse en el estrato que se le suponía hace años, a pesar de que las condiciones siguen siendo ideales.
Zamora atesora un potencial cinegético inmenso: un millón de hectáreas, más de seiscientos cotos y dos reservas de importancia nacional, la Sierra de la Culebra y Lagunas de Villafáfila. La primera está reconocida como uno de los espacios más importantes en cría de cérvidos y lobos y la segunda es un paraíso para ánsares y el mejor criadero de avutardas del mundo (esta especie actualmente no es cazable, pero sí que lo ha sido y hay expertos que recomiendan su captura selectiva como fuente de ingresos para la comarca de Tierra de Campos, una de las más afectadas por la crisis agraria).
A pesar de contar con pilares tan robustos, la actividad sigue estancada, lastrada en parte por la mentalidad de los propios cazadores, incapaces, aunque hay excepciones, de hacer una gestión efectiva y de abrir sus cotos a deportistas de fuera, dispuestos a pagar por la práctica de una actividad que nació con el hombre y que ha servido para amalgamar la predisposición humana hacia lo social.
Estudios sobre las posibilidades de la caza en la provincia como vehículo importante de sostén de la economía del ámbito rural ha habido muchos, y todos coinciden en su potencial y también en su nulo aprovechamiento. La atomización de los espacios y la falta de grandes fincas son aspectos que juegan en contra de una gestión efectiva que suele estar en manos de asociaciones de cazadores que, en la mayoría de los casos, sólo buscan el disfrute personal. En los últimos años sólo el grupo de acción local Macovall, en el norte de la provincia, ha apostado de forma clara por este recurso, propiciando la unión de cotos, llevando a cabo una adecuada gestión con vistas a incrementar la riqueza cinegética que posibilite cubrir las apetencias de los cazadores locales y generar excedentes para ofertar a deportistas foráneos y generar así recursos en la zona.
Sólo la caza mayor ha ido en aumento en la provincia en el último lustro. Sus gestores, más profesionales, sí han empezado a explotar sus potencialidades. En la actualidad se calcula que genera más de nueve millones de euros al año, una cantidad que va en aumento, de forma progresiva, desde hace un lustro. Batidas, monterías y otras modalidades venatorias han crecido espectacularmente, acercándose ya al millar cada campaña. La población de jabalíes se mantiene estable, estimándose que puede rondar los 6.000 ejemplares en toda la provincia. El lobo, también especie cinegética en determinadas zonas y bajo determinadas condiciones, tiene en la provincia uno de los mayores censos del país y de Europa en lo que a un territorio concreto se refiere.
Es, sobre todo en la caza menor, donde hay que dar un giro espectacular a la gestión, iniciando un camino que lleve a la creación de riqueza. Para eso, claro, lo más importante es recuperar las poblaciones de liebres y perdices autóctonas, un tesoro, muy amenazado, que todavía es posible exhibir. Lo ideal es conservar estas especies, aunque para ello los cazadores tengan que mejorar la gestión y hacer sacrificios importantes. Y, desde luego, la Administración, la Junta que es quien tiene competencias en la materia, debe invertir en la recuperación de los censos y ser mucho más rígida en aplicar restricciones teniendo en cuenta las poblaciones. No puede quedarse en el mero papel de institución recaudadora de las tasas de las licencias. Tiene que velar para que se cumplan los planes cinegéticos de cada coto y vigilar e incentivar que se haga una gestión adecuada de unas especies, que no se puede olvidar, son patrimonio público.
Es imprescindible, además, que los cazadores zamoranos cambien determinados hábitos, acepten algunos cotos sociales como fórmula para atraer a deportistas de fuera de la provincia y apuesten por la práctica «sostenible» para propiciar la regeneración de las especies. Deportistas y Administración deben trabajar unidos para aplicar un programa serio de saneamiento de las especies silvestres. La caza es un deporte, sí, pero también una riqueza de todos que tiene que servir para propiciar el desarrollo del ámbito rural, tan necesitado de incentivos y cada vez más despoblado.
|
|
Felix Rodríguez trata el mundo de flamenco desde este completo blog
El blog de Manuel López-Sueiras. Sobre deporte y medio ambiente
Las mejores imagenes captadas por la cámara de Emilio Fraile
El Zamora C.F. como tema principal del blog de Manuel Herrera
El blog de Elena Martínez. Un punto de vista femenino sobre el fútbol.
La visión de Miriam Sánchez sobre cine, series y otras ficciones
El Blog de la cultura musical zamorana. Por Jesús M. Calleja
Recetas sencillas para el día a día.
Por Espe Saavedra
| CONÓZCANOS: CONTACTO | LA OPINIÓN DE ZAMORA | LOCALIZACIÓN Y DELEGACIONES | PROMOCIONES | PUBLICIDAD: TARIFAS | AGENCIAS | CONTRATAR |
|
|
||||||||
|
|||||||||