CARMEN FERRERAS
Así se definen, así se encuentran, así están los empresarios de esta noble y leal ciudad. «Desmoralizados», según el titular de nuestro periódico, por la paralización inversora en la capital. ¡Ah! ¿Pero es que alguna vez hubo aceleración inversora? Tengo para mí que en esa cuestión siempre hemos andado un poco renqueantes. Por aquí, la inversión pasó de largo o simplemente no llegó, se fue quedando por otras provincias de esta Comunidad. A «Mister Marshall» no le gusta Zamora. Tiene mucho que ver la inoperancia y la incompetencia de nuestra amada y nunca bien ponderada clase política. Me preocupa la preocupación de los empresarios zamoranos. A la desmoralización añaden el hecho de estar «alarmados y extremadamente preocupados». Palabras mayores. Manuel Vidal, a quien mucho aprecio y admiro, me habló un día, no hace de ello mucho, en su despacho de la Cámara, de la cruda realidad y lo hizo poniendo a su empresa como ejemplo. Me habló de lo que fue y de lo que es en materia económica y, francamente, las cifras actuales son de escándalo pero a la baja. Y, claro, así no hay quien mantenga un negocio.
Parecía tal que a Zamora nunca iba a llegar el dichoso problema este de la crisis que no existía, y sin embargo se ha instalado entre nosotros, vive entre nosotros y desmoraliza, alarma y preocupa. No es para menos. Pregunte a la gente joven que no es que vea el futuro incierto, es que no lo ve. Pregunte a los emprendedores. Pregunte a los profesionales de cualquier sector. Salvo los que han echado raíces profundas y pueden ir tirando, los demás echan el cerrojo y a otra cosa mariposa o se van para no volver. Aquí los que vuelven son siempre los mismos: los que un día emigraron y, hoy, con las nieves del tiempo plateando su sien, jubilados y cansados, reabren la casa que se construyeron en el pueblo durante muchos años o el piso que compraron en la ciudad, para hacer lo que hace la mayoría pensionista en esta ciudad: vida peripatética y de contemplación. Y gracias.
Ignoro si la culpa de todo la tiene o no la tiene la falta de un nuevo Pgou. Pero, algo más habrá relacionado con lo que apuntaba más arriba, la inoperancia y la incompetencia de los que se buscan acomodo en la política, como consecuencia de ello en las cada vez más politizadas Cajas de Ahorro y legislatura tras legislatura van acumulando un patrimonio también de escándalo, pero al alza. El día que se despolitice y se desjudicialice la vida en España, ese día habremos alcanzado la mayoría de edad. Ahora, de momento, mientras unos van a gusto en la burra, al resto no nos queda otra cosa que compartir desmoralización, alarma y preocupación.