Bellotas

Las encinas te abrazan si te adentras en Sayago

 
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DONACIANO BARTOLOMÉ Bellota. Leo en el Diccionario del español actual año 1999, página 634. Fruto de la encina, del roble o de otras plantas similares, consistente en un aquenio ovalado dentro de cuya cáscara, dura, se encierra carnosa y comestible. Buen alimento para el ganado. Si se adentra uno en Sayago por Pereruela por ejemplo, los encinares le abrazan y saludan, si lo hace por Alfaraz o Mayalde no ve otra cosa, sino encinas, si por Almeida llegando de Ledesma o por Fermoselle o Bermillo llegando de Portugal, son las dehesas de encinas las que pueblan densamente el paisaje. Y si el viajero sigue la ribera del Duero arriba, hasta volver a Pereruela no encuentra sino abundantes encinares. He visto estos árboles llenos de sus frutos, la bellota. Y he visto la bellota en parte ya caída en el suelo. Y en el suelo apenas he visto algún animal, alguna vaca, oveja, algún cerdo perdido. No nos extrañe que al menos los jabalíes pueblen de nuevo estas tierras tan ricas en bellotas.
He escuchado a lo viejos, experimentados, ahorradores, laboriosos, ingeniosos ganaderos y labradores que por estas fechas dedicaban unos días a recoger sus bellotas, formaban buenos muelos y tenían alimento para vacas y cerdos. Y qué productos de calidad obtenían, bien sazonados, sin colorantes, sin conservantes. La bellota era el secreto. Hoy alardean algunas zonas de Andalucía, Extremadura y Guijuelo en Salamanca de cebar cerdos, durante algún tiempo, con bellotas de encina o alcornoques. Y conocemos el precio de su jamón.
Y me pregunto y propongo si en este tiempo de aparente crisis no hay quien recoja los cientos de toneladas de bellotas que se pudren en los campos de Sayago. Si ya no hay compradores que las muelan y transformen en harinas. Si en los piensos compuestos, no tiene cabida la harina de bellota. Si los fabricantes de licores de bellota, las importan de otros países. Si no hay nadie en Sayago, ningún empresario que se decida a comercializar la bellota. Si no hay parados, sin empleo, que se dediquen a recolectar este producto. Si no hay forma de sacar una rentabilidad a esa riqueza tan apreciada antes como ahora y que no se por qué, no se aprovecha. Si nos sobra todo, incluso la bellota.
Tal vez es más cómodo seguir cobrando subvenciones por todo, haciendo poco o nada, lamentarnos de nuestra pobreza o abandono, pagar una miseria por los productos en origen. Porque claro, ¿quién se atreve a cultivar viñedos cuando como en Mámoles te pagan a 17 céntimos el kilo de buena uva, que unos kilómetros más adelante se vende a 1,20 el kilo? Quién va a cultivar la patata por la que te ofrecen 10 céntimos el kilo y por el arte del viajeo a pocos kilómetros se ha triplicado o más. Y así podríamos decir con todos los productos del campo. Ante este panorama quién osa diseñar un plan comarcal de recogida, venta y explotación de la rica y superabundante bellota de encina de Sayago con denominación de Origen. Tal vez el sayagués del año, don Juan Antonio Panero convenza a los empresarios para que alguno se dedique a esta noble tarea empresarial. Mantengo que me da mucha alegría viajar por esas carreteras, patear los caminos y admirar las nobles y hermosas encina con más bellotas que hojas. Y casi siento pena al hacer propuestas para que se les prive de su fruto. Pero más pena se me acumula, que se pierdan y pudran en el suelo, sin manos humanas que las recojan y comercialicen o bocas de animales que las aprovechen. Y más pena me llega al penar y saber que mientras, seguimos sin población en los pueblos, porque dicen que no hay nada que hacer y nuestros productos malpagados y avariciosamente superexplotados en el comercio. Así no hay quien se agache a recoger ni una uva, ni una patata, ni una bellota. Y harán los licores que dicen ser de bellota, vete a saber de qué y los cerdos de bellota, mal alimentados con piensos compuestos en parte. He hablado con un estudiante para ingeniero agrónomo de Roelos, Rubén García Moralejo. Le he pedido que haga su proyecto fin de carrera sobre una cooperativa que abarque todo Sayago, o al menos un pueblo, tal vez de cerdos que coman bellotas. Y habrá que formar para un nuevo quehacer a los agricultores-ganaderos que quedan. En esta búsqueda de un nuevo Sayago al que nos convocaron los empresarios y el sayagués del año en su fiesta anual en la ermita de Gracia en septiembre, nos uniremos todos, también en la búsqueda de un sitio de honor para la bellota.

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