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HEMEROTECA » |
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HIPÓLITO PÉREZ CALVO. Cuando comenzó a hablarse del posible trayecto de una procesión de Semana Santa que transitara por las calles del cementerio de la ciudad, Marisol López firmaba en la primera página de este periódico un bello comentario que se titulaba «Herencia» y que finalizaba así: ¿Quién querría por herencia una tierra yerma? La tierra sagrada de nuestro cementerio, nuestra ciudad de los muertos, formula esta misma súplica cuando ocurre que el último de los imagineros de Castilla acaba de morir. Me confunden y me pierden la imaginación y el recuerdo. Creo estar a su lado, como sucediera tantas veces, oyéndole sus explicaciones ante una de sus esculturas.
-Mira por este lado. Fíjate en la luz del rostro...
Nuestros muertos tienen esa misma luz. Esa luz se llama vida.
No, la nuestra, la de nuestros vivos y la de nuestros muertos, es una tierra yerma. Nuestros muertos no están solos, en el recuerdo, que es nuestra herencia. Acaso no tengamos otros.
En madera, Hipólito Pérez Calvo ha figurado el rostro del Señor cuando pensaba en la resurrección de un muerto.
Me pregunto, ¿se ha estudiado la relación que existe entre los juglares que fueron los primeros autores de la poesía épica del «Cantar del Mío Cid», y la de nuestros primeros imagineros, los que tallaron en madera para nuestra Semana Santa? ¿El poeta juglar de San Esteban de Gormaz mezclaba lo popular con lo arcaico? Yo creo que hay una historicidad de origen en la tradición de las Escrituras que ha llegado hasta Hipólito Pérez Calvo. El culto de la herencia sigue, porque la nuestra no es una tierra yerma. Y esa tradición continúa, y hay un romance de la pasión y muerte de Cristo modelado para el pueblo, que reproduce el modelo clásico y las modas del tiempo presente y del tiempo futuro. La escultura es ecuménica.
La sencillez y la eficacia litúrgicas dominaron y dominan en la primera y en la última de las figuras de las representaciones en los primeros y en el último de nuestros «pasos», con Benlliure y con Hipólito Pérez Calvo. Austeros y fieles al sentido evangélico, luz y vida de la verdad en todas las modas, artesanía, herencia de padres a hijos. Ya en el siglo XVI a los escultores como Hipólito se les llamaba maestros.
El romance y la imaginación han sido recreaciones estéticas en nuestra historia y han sido utilizadas en las transmisiones del mensaje sagrado.
El Jesús de Luz y Vida es la trasposición artística de un hecho de conciencia de un zamorano nacido en Bercianos de Vidriales, eso, la luz de un rostro.
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