JOSÉ LUIS MARTÍN RODRÍGUEZ
Nos llevamos una sorpresa muy desagradable cuando, de repente, nos encontramos una manzana, que el día anterior estaba radiante de frescura y color, agujereada y con un gusano que está comiéndola. La explicación es muy sencilla: en la flor estaba el germen de ese gusano y aquel germen se ha desarrollado y aparecido en el fruto.
Algo parecido ocurre en nuestra democracia. Van apareciendo taras que, como gusanos, nos presentan una democracia defectuosa o enferma. Todas ellas se encuentran, como larvas, en la imperfecta Ley Electoral. Las listas cerradas permiten que se cuelen personas no íntegras a las que nos vemos obligados a votar porque nos convence más el partido que presenta tal lista. Si se añade el hecho de que el escaño es propiedad del parlamentario o concejal, y no del partido, el tránsfuga (¡qué nombre más apropiado!) se cambia de grupo parlamentario (o municipal) o se adscribe al grupo mixto y se lleva el escaño consigo.
Y aquí viene lo más grave en los fallos. La anulación más escandalosa de la democracia es la moción de censura, sobre todo cuando triunfa tal moción y no se queda en un «aviso» serio.
Para decirlo en pocas palabras: «Democracia» es «gobierno del pueblo». El pueblo es llamado cada cuatro años para que elija quién quiere que gobierne el Estado, la comunidad autónoma o el municipio durante los cuatro años siguientes. Así lo hace; pero, pasado algún tiempo un señor o unos señores (unas veces importantes y alguna vez un «don nadie») se une a los representantes de un partido distinto al que pertenecía(n) y presentan la moción de censura para desalojar del gobierno a las personas que el pueblo había elegido.
La voluntad del pueblo, constituido por millares de ciudadanos, es suplantada por la de un señor o un pequeño grupo de señores que tuercen la voluntad popular y cambian el sentido del voto emitido en las elecciones generales, autonómicas o municipales. ¿Es esto legítimo? Legal, sí es; pero la democracia ha sido violada radicalmente.
Y no es lo expuesto un ejercicio llevado a cabo por un partido; están muy recientes ejemplos de partidos opuestos. La moción de censura la ha presentado en una ocasión el Partido Socialista y en otro caso el Partido Popular. El «tránsfuga», a pesar de los acuerdos, es gusano que aparece en cualquier clase de fruta.
En una democracia que se precie, la elección del pueblo debe respetarse durante la legislatura. Y, si las cosas van tan mal que es necesario un cambio, debería aplicarse el principio de que «illius est tollere cuius est condere», es decir deberían celebrarse unas elecciones anticipadas o un referéndum, ajustados al ámbito territorial correspondiente a la institución afectada. El pueblo, que eligió, es el legitimado para cambiar lo que no valga.
Son varios los inconvenientes de nuestra Ley Electoral; pero, en mi humilde opinión, el más radical «gusano», la más radical negación de nuestra democracia, es la moción de censura. ¿Desaparecerán alguna vez este y algunos otros inconvenientes? ¿Se escucharán las voces que piden un cambio de la Ley Electoral?