CARMEN FERRERAS
Y gordo, muy gordo. Al botellón del otro día en Pozuelo y a las amenazas de los jóvenes implicados le remito. Flaco favor ha hecho el juez de turno a la Policía Nacional, de la que ahora se burlan los implicados y que no hizo otra cosa que cumplir con su deber. Dicen que el próximo fin de semana, cual Nerones, quieren quemar Pozuelo. No sé si se trata de una amenaza o dado el amparo judicial que han recibido lo harán realidad entre el viernes y el sábado. Todo se verá porque a buen seguro habrá una tele para levantar acta gráfica.
Tenemos un grave problema con esta crisis de autoridad que se vive en buena parte de las familias españolas. Los hijos no obedecen, hacen lo que ven, no siempre lo mejor, fuera de casa, y en ese afán de protagonismo equivocado se dejan arrastrar por la violencia y los malos hábitos que conducen a situaciones como la que ha sido noticia, y lo que te rondaré, el pasado fin de semana. Bien por los padres que lo reconocen, bien por los padres que no defienden lo indefendible porque cuando el hijo abandona el hogar para irse de juerga o de copas, ignoran cuál es su comportamiento y por lo tanto no tienen elementos en los que basarse.
Hay hijos «Jeckyll-Hyde», con un comportamiento extraordinario en casa y el desenfreno total cuando están fuera de ella. Hijos que pueden llegar a engañar a sus progenitores, sobre todo si estos son unos timoratos redomados. Cuando los padres son como deben ser, de su tiempo y conscientes de la realidad que viven muchos jóvenes basada en la pérdida de valores, sus reacciones son más sensatas y coherentes, pero de estos últimos, lamentablemente pocos.
A buena parte de los padres de los gamberros implicados en los sucesos de Pozuelo que no les digan nada malo de sus benditos hijos porque se tiran a la yugular del mensajero. Algo habrá hecho la «pasma», algo habrán hecho los «maderos» para que sus hijos hayan tenido esa reacción propia de chiquillos. Menores, sí, pero consentidos, pijos, mimados y con un comportamiento execrable. Los «maderos», como ellos dicen, al hospital y ellos a seguir burlándose de la Policía, de la Justicia y de la sociedad siempre que no opine como ellos.
Se ha dejado erróneamente a los docentes la educación de los hijos, cuando los docentes tienen que velar por la formación no por la educación. Los hijos deben ir educados desde casa. En el hogar es donde deben aprender a convivir en paz y armonía, a ser civilizados, solidarios y a practicar las más elementales reglas de urbanidad, amén de templar los modos y maneras. Sin embargo, ya ve usted, con levantar el índice acusador y señalar al sistema, al cabo de la calle. Tenemos, no un problema, sino un problemón. Ya va siendo hora de hacerle frente.