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HEMEROTECA » |
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MANUEL PRIETO PEROMINGO.
Me comentan que están extrañados y sorprendidos muchos políticos de lo que ocurre a su alrededor. Están sorprendidos de que el rechazo vaya en aumento a pesar de sus «múltiples» esfuerzos (y eso que no va a haber pronto elecciones) por aparecer como trabajadores esforzados y simpaticorros y preocupados de verdad por sus votantes. Siguen confiando en que el pueblo tenga poca memoria, como siempre, y que la poca que tenga sea interesada y partidista.
Normalmente, el obstáculo fundamental que pueden encontrar consiste en que, en la realidad de la vida cotidiana, social e histórica, está sucediendo lo contrario de lo que ellos suponen. Decimos «suponen» porque ignoran qué pasa, al no estar en la calle, al estar fuera de la gente y de sus sentimientos, al ocuparse sólo de no dejar escapar su pequeño altar particular en el hemiciclo, en las Cortes, en la Diputación o en el Ayuntamiento correspondiente. Lo que ignoran es, tristemente, que no se puede ir contra corriente. Tiempos difíciles estos y eso significa que para ellos debería haber más trabajo y esfuerzo con menos contemplación.
Puede ocurrir que esté surgiendo desde abajo una nueva cultura política diferente de la existente hasta ahora y que resulta que no es ni opuesta ni incompatible con la cultura política tradicional, regulada hasta ahora, sino más bien algo derivado de ella en la lógica evolución y natural transformación de todas las cosas.
Las «masas», como dirían los «especialistas» que gustan de llamarse eso de «Politólogos», toman siempre en la historia su propio camino una vez que aprenden a discernir lo que les conviene y lo que deben rechazar. Y en política, inconscientemente están dando lugar a un nuevo modo de sentir la acción política en lo que podríamos llamar «línea de renovación» del siglo XXI, con la que, por supuesto, no quieren contar ninguno de los santones políticos que ahora llevan las riendas. Lo sentimos mucho por R. Zapatero y por Rajoy Brey. Entre los dos y todos los que les siguen, nos han fallado estrepitosamente a los españoles. Ni saben gobernar (y a las pruebas nos remitimos) ni saben hacer bien oposición (y los hechos lo dejan claro). Se suben los impuestos, se especula cada vez más con la financiación autonómica sin resolver, se sigue intentando silenciar al PP con lo de Gürtel, se sigue posponiendo (ya queda poquito) la sentencia sobre el Estatut catalán, se silencia lo del CNI, vamos a seguir con el enfrentamiento parlamentario de Salgado y Montoro como protagonista y antagonista en una película de terror que no nos apetece ver y por si fuera poco todo esto y más, se quiere hacer que comulguemos con ruedas de molino casando austeridad con gasto público y ¡claro, subiendo los impuestos a todos! Inconcebible...
¡Cómo no va a estar la gente harta de tanto embrollo que no hay quien acabe de entender! Si pasáramos a Ayuntamientos y Diputaciones no habría espacio ni con el número de páginas de «El Quijote». La gente quiere caminos nuevos y claros. Menos pensar en votos y más en solucionar necesidades. Menos en quedar bien y más ser útiles. Menos componendas y más rectitud. Menos impuestos y más austeridad en los gastos de políticos. El momento así lo exige.
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