PACO ANTÓN
Cada vez hay más lobos. También de cuatro patas. Lo primero lo sabemos todos, con sólo mirar en nuestro entorno. Lo segundo nos lo vienen diciendo hace mucho tiempo los heroicos ganaderos de esta provincia y de toda la comunidad, sin necesidad de realizar sesudos estudios antropológicos sobre este cánido, sobre sus hábitos y sobre cómo se desenvuelve en el medio natural: les basta con hacer recuento de las bajas que a menudo registran sus rebaños. Pero por si no nos habíamos enterado, la Consejería de Medio Ambiente acaba de hacer balance de su Plan de Conservación y Gestión del Lobo, que lleva en vigor año y pico, y parece que los resultados de su aplicación son altamente positivos: hay más ejemplares en la zona norte de la comunidad, en las estribaciones montañosas de Zamora, León y Palencia, y algunos menos en la estepa meridional de la Tierra de Campos de estas provincias. El informe destaca que esta distribución nos muestra la flexibilidad y capacidad del lobo para adaptarse, para responder rápidamente a las circunstancias ambientales de cada momento, y que, en realidad, como conclusión en lo que atañe al estado poblacional de la especie en la autonomía (sigo con las cuatro patas), se puede afirmar que se consolida en su área de distribución y aumenta de forma singular en zonas de las serranías norteñas.
La peor cara de este informe oficial está en el balance anual del número de ataques a rebaños registrados en 2008: 668 en Castilla y León. Son datos que confirman la mala prensa que este carnívoro tiene en muchos pueblos y entre la práctica totalidad de los ganaderos que todavía sobreviven a la crisis de precios y del campo en general. Así el patio, no es de extrañar la contestación que en este sector está teniendo la política conservacionista de las administraciones y, en particular, la creación del Centro Temático del Lobo en Robledo, anejo del Ayuntamiento de Puebla de Sanabria, que pretende ser un centro de referencia europea para esta especie en peligro de extinción, un trascendental recurso turístico para toda la comarca y un instrumento pedagógico para concienciar a los ciudadanos de la importancia del lobo en la biodiversidad. Pero para los ganaderos y pastores que ya le han visto de cerca las orejas al «canis lupus signatus», no valen este tipo de argumentos ni entienden el sarampión ecologista que les ha entrado a nuestros políticos, sin distinción de ideologías. El mismo día en que las autoridades visitaban la primera fase de las obras de este Centro Temático, mediado agosto, escuché por la radio el tremendo y encendido alegato de un ganadero sanabrés contra esta iniciativa: van a montar una especie de paraíso para el lobo de más de seis hectáreas, se van a gastar cuatro millones de euros públicos en unas instalaciones para analizar los hábitos de este depredador, para que cuatro enterados estudien cómo viven, cómo se reproducen, cómo cagan y de qué sustancias están compuestas las cagadas… mientras los agricultores y ganaderos de Sanabria y de toda la Sierra de la Culebra se las ven y se las desean para cobrar las indemnizaciones que compensen los daños que la fauna causa en sus propiedades, en sus cultivos y en sus reses. Ni el argumento del «atractivo turístico» que tendrá este centro, esgrimido por el avezado entrevistador Jesús Villarino, logró apaciguar los inflamados ánimos de este portavoz ocasional de los campesinos: «Dicen los hosteleros que esto servirá para atraer a más visitantes, y luego hay algunos que les meten unas hostias de miedo a los turistas, los espantan y ya no vuelven… Son como buitres». Y, en efecto: en algunos pueblos de Segovia acaban de denunciar también ataques al ganado vivo por bandadas de buitres, pájaros que se creía que sólo eran carroñeros. O es cosa del cambio climático o cosa la crisis. Seguro.