JUAN JESÚS RODERO.
Seguramente, y aunque ello sea una constante generalizada, habrá pocas ciudades que presenten un mayor contraste entre el centro urbano y sus barrios de la periferia, como viene ocurriendo desde siempre en Zamora, con algunos casos, como Villagodio, realmente insólitos en el siglo actual. El aspecto cochambroso que la capital mantuvo, por falta de presupuesto, o por incapacidad o por desidia o por lo que fuese, en las dos o tres décadas anteriores quedó redimido en buena parte por la eficaz labor de modernización que en este sentido llevó a cabo en sus primeros años de mandato Antonio Vázquez, que iba para un buen alcalde y se quedó en un mal político, pero las mejoras sólo se dejaron sentir donde siempre, en las zonas y lugares de la Zamora noble, la del centro, ya sea el casco histórico o los ensanches.
Ahora mismo y con un equipo de gobierno municipal funcionando poco y a trompicones, la ciudad tiene, sin embargo, muchas partes en obras, incluso en algunos barrios, obras que se ejecutan gracias al fondo estatal para promover el empleo. Pero insuficientes para las necesidades existentes, lo que origina el descontento de algunas vecindades que por más que reclaman al Ayuntamiento poco obtienen si es que obtienen algo. Por la Casa Consistorial se sigue con los líos de siempre, aun en vacaciones, con los grupos de PSOE e IU y sus denuncias habituales, forma exclusiva por lo que parece de entender y de hacer oposición en Zamora. Lo que pasa es que la gente ya se cansa, salvo incondicionales, de la misma historia, el mismo planteamiento, el mismo desarrollo y casi siempre el mismo desenlace: nada de nada. Aunque tengan razón, que tantas veces la tienen. Pero la oposición tiene que ser algo más, que en Zamora, ya se sabe, no ha sido ni es. Así que todo son cruces y más cruces de acusaciones, de descalificaciones, que suelen traspasar lo político para llegar a lo personal, hasta que se empieza con un nuevo tema y vuelta la burra al trigo, Es que aburren, dice la gente, unos y otros, todos, y más con estos calores.
Pero mientras en el Ayuntamiento se depuran funcionarios, se justifican recibos, se hacen convocatorias surrealistas de empleo, y sale a relucir con lo del Castillo no ya Moneo sino el mismísimo Foster, los que viven en la nueva urbanización de Vista Alegre, donde el centro comercial del Alto de los Curas, no pueden contener su indignación ante el lamentable estado de abandono que ofrece la zona y las calles del lugar donde la vegetación incontrolada campa a sus anchas, donde la suciedad es patente y donde apenas existe el mobiliario urbano más elemental. Han pedido ver a la alcaldesa para exponerle personalmente el problema pero de Rosa Valdeón no han tenido respuesta, por lo que amenazan con movilizarse si no se atiende sus demandas, a las que se adhieren firmemente desde la asociación vecinal de Los Bloques. Y eso que se trata de un barrio que por ahora sólo cuenta con 400 viviendas, aunque está previsto que llegue a las mil con lo que se construye. Es de suponer que ese quimérico Plan de Urbanismo aprobado para una ciudad de ciencia-ficción de 170.000 habitantes y 40.000 nuevos pisos cuente también con las infraestructuras y los servicios de mantenimiento correspondientes.