JUAN JESÚS RODERO
La semana le ha traído al Ayuntamiento de Zamora otro contratiempo más con ese dictamen del Consejo Consultivo contrario a la anulación del contrato que liga a la institución a la adquisición de un nuevo edificio municipal, y del cual la Corporación municipal estaba un tanto pendiente, aunque sus informes como se sabe no son vinculantes ni obligan a nada ni a nadie. Pero según el Consultivo no existen defectos formales que justifiquen la marcha atrás del equipo de gobierno.
La única salida, pues, es la vía judicial y a ello parece decidido el Ayuntamiento, y se entiende que pese a las críticas de la oposición, que no desperdician oportunidad venga o no a cuento, contarán con apoyo suficiente. En realidad, cabe recordar que fue desde los propios grupos de PSOE, IU y Adeiza desde donde más se presionó, con todo acierto y razón, para que el equipo de gobierno del PP no se hiciera cargo del que era, con el Plan de Urbanismo, uno de los puntos más oscuros y polémicos de la herencia recibida de sus antecesores, compañeros de partido. Y en sucesivos plenos municipales y con alguna abstención insuficiente el asunto salió adelante, acordándose la denuncia y anulación del acuerdo firmado con el que se habían encontrado. De modo que decir ahora, como ha hecho el portavoz del PSOE, que la decisión del Consultivo es un nuevo varapalo para Rosa Valdeón, la alcaldesa, no se atiene a la realidad de los hechos, pues de serlo, como se ha precisado desde el grupo del PP, sería un varapalo para toda la Corporación. Pero es que ni siquiera es un varapalo, porque el dictamen del Consultivo a nada obliga y todo puede seguir discurriendo por los cauces previstos con anterioridad.
Lo peor es que la empresa que ya tenía firmada la operación con el antiguo equipo de gobierno pide un millón y medio de euros como indemnización, una cantidad exagerada y que obliga a la resolución judicial, pues el Ayuntamiento mantiene su renuncia pese al perjuicio económico que pueda producirse al seguir adelante con una anulación decidida y aprobada en Pleno. Y hace bien, por la muy sencilla razón de que, en todo caso, el perjuicio para las arcas municipales será sobradamente menor que el que se hubiera producido de haber seguido adelante con el marrón que les cayó en herencia, una extraña fórmula según la cual el nuevo edificio le iba a costar a Zamora mucho más de lo que debería costarle. Pensar que si el equipo de gobierno hubiese disfrutado de la mayoría hubiese seguido con el asunto tal y como estaba planteado, es más que probable, casi seguro, lo mismo que hubiese hecho con el Plan de Urbanismo, pero no pasa de ser ya una mera especulación.
Además de anular la compra, lo que deberá hacerse desde el Ayuntamiento es estudiar en profundidad si con la crisis que se sufre y las deudas que se arrastran, resulta este el momento más oportuno para pensar en un nuevo edificio municipal. Que hay estrecheces en la Casa de las Panaderas es obvio pero a lo mejor hay que buscar nuevas soluciones, más de andar por casa, más cercanas, y más baratas, por supuesto.