JOSÉ MANUEL DEL BARRIO
En los cursos de verano en los que he participado como conferenciante, he constatado que Zamora sigue siendo una provincia desconocida. Lo he comprobado en los cursos de la Universidad Menéndez Pelayo en Ortigueira, Santander y Cuenca y en otros foros. Cuando muchos de mis colegas oyen que soy de Zamora, lo primero que sale a relucir es la Semana Santa y, en algunos casos, el Lago de Sanabria o el vino de Toro. Y los alumnos, más o menos, con el agravante de que muchos de ellos desconocen la ubicación exacta de nuestra provincia, confundiéndola, a veces, con León o Salamanca. Un desconocimiento que algunos achacarán a la Logse y que, sin embargo, viene de lejos: cuando yo estudiaba Sociología en Madrid, algunos de mis compañeros ya tenían el mismo problema.
El desconocimiento de los recursos de nuestra provincia por parte de mis colegas de profesión me preocupa casi tanto o más que las dificultades que expresan algunos alumnos para ubicar Zamora en el mapa nacional. Algo falla en la difusión de nuestros valores turísticos, gastronómicos, paisajísticos, etc., cuando después de tantas campañas publicitarias nos encontramos con este panorama. ¿Cómo es posible que Los Arribes del Duero, la Sierra de la Culebra o las Lagunas de Villafáfila no se mencionen espontáneamente en las conversaciones de sobremesa o en la terraza de un bar cuando Zamora sale a la palestra en esos cursos de verano que comento? ¿Y los cacharros de Moveros o de Pereruela, tan desconocidos para el gran público como el Zangarrón de Sanzoles y Montamarta, el Tafarrón de Pozuelo de Tábara o los Carochos de Riofrío de Aliste? ¿Cómo interpretar estos desconocimientos por parte de quienes no residen aquí?
Algo falla, como digo, en la tarea de difusión de nuestros valores, que son muchos, variados y a veces únicos. No caeré, sin embargo, en el error de encumbrar lo que tenemos creyendo que lo nuestro es lo mejor, como si otras provincias no tuvieran también tantos o más recursos que nosotros en muchos ámbitos. No caeré en ese error, como ha caído hace siete días el concejal de Turismo del Ayuntamiento de Zamora, Luis Javier Alonso Ledesma, diciendo que el Castillo de la capital es la infraestructura turística más potente no sólo de Zamora sino de Castilla y León. La rehabilitación del Castillo, que ahora podemos disfrutar todos los zamoranos, ha sido un gran acierto y merece todos los elogios. Pero no nos engañemos: otros edificios de la Comunidad son mucho más emblemáticos que el Castillo rehabilitado. Imagino que no será necesario dar nombres: la lista puede ser casi interminable.