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HEMEROTECA » |
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LAURA RIVERA.
De poco nos ha servido el levantamiento de aceras y carteles del Plan E, y la manita de pintura a las escuelas con los parados contratados por el plan de empleo de la Junta. Tampoco ha sido suficiente el sol y la paella españoles para atraer el turismo. El paro ha subido hasta en Zamora, y extiende su sombra a los mejores presagios del gobierno para este verano de obra pública y chiringuito playero.
Un día después de que la alcaldesa de Zamora se haga la foto con los agentes sociales, económicos, gubernamentales y no gubernamentales, eclesiásticos y laicos, de derechas, de izquierdas y apolíticos, para escenificar un gran «Acuerdo por el Empleo» —tras cambiar el nombre de «Pacto»— las cifras del paro suponen un chorro de agua fría en medio del verano que no acaba de arrancar.
Mal empieza el programa «Empieza», con la clásica zeta de Zamora, si pretende integrar a colectivos desfavorecidos en el mundo del trabajo, cuando el paro arroja fuera más del doble de zamoranos que el verano pasado. Se gastarán casi un millón de euros en cursos y talleres, como se ha venido haciendo en los últimos años, y al final todos acabarán contabilizados en la misma lista de parados.
No hay foto publicitaria capaz de tapar la dura realidad de casi un dieciocho por ciento de paro en España y más del quince en Zamora.
La foto del llamado «diálogo social», con gobierno, sindicatos y empresarios unidos para abordar la crisis en conjunto, tampoco ha sido posible después de tantísimos meses de marear la perdiz.
Casi mejor, porque poco podía esperarse de unas conversaciones que giraban en torno al despido y a las rebajas de cotizaciones de la Seguridad Social, reivindicaciones de los empresarios que estaban a punto de conseguirse aunque no en la cantidad que ellos querían. Los sindicatos apenas pedían migajitas para los parados: unos cuatrocientos euros mensuales durante seis meses para los que han agotado todas las prestaciones sociales y están en la calle. El Gobierno se endeudaba un poco más con inversiones en obras públicas… Y eso era todo.
Demasiado poco para una crisis tan grande y un paro que crece de manera galopante como un «fantasma» que recorre España.
El paro no es una serpiente de verano, como las Edades del Hombre para un turismo que mengua, o los entretenimientos en torno a un Plan de Urbanismo en Zamora que amenaza de ilegalidad las pocas casas que se construyen, como si fueran las de algunos políticos de Benavente empeñados en hacerse chalecitos en zonas inundables.
Tampoco es el paro el entretenido debate sobre regalitos y cohechos al que asisten atónitos quienes tienen que ir todos los meses a pasar revista a las oficinas del INEM, entre verbenas, fiestas de la espuma y chicas lavatractores.
El paro seguirá creciendo en otoño y en invierno, cuando la serpiente se despierte de la siesta de planes de empleo y planes de inversión que se pusieron en marcha para evitar un verano «caliente», y que nos ha dejado helados con las cifras, pero calentando un otoño de movilizaciones y huelgas necesarias para trabajar y comer.
El pacto social es imposible cuando se están enfrentando intereses contrapuestos. Cuando una empresa quiebra, los jefes suelen tener el dinero a buen recaudo y los directivos indemnizaciones multimillonarias; los trabajadores se van a la calle por finalización del contrato temporal, cobran el paro unos meses y… más calle después. No es igual, ni es justo, porque los ahorros de unos se amasan a costa del trabajo de otros; eso tan viejo de la plusvalía, que es un robo manifiesto.
Por eso, ante la originalidad de la patronal, que ha propuesto un «contrato para el siglo XXI» (¡qué modernos son!), con menos indemnización por despido tan libre como lo es hasta ahora, hay que reinventar una «lucha de clases del siglo XXI» (vanguardismo frente a su modernidad), que con las armas de siempre defienda los intereses de las clases trabajadoras, para que no se vayan al paro derrotados sino luchando y con esperanza.
Reducir la jornada de trabajo para crear puestos de trabajo; aumentar los impuestos para redistribuir la riqueza; hacer públicos los servicios financiados con dinero público; garantizar el derecho a una renta social básica… Decirlo alto, sin complejos y con la convicción de que no hay derecho a que el paro sea tratado como una serpiente de verano.
Porque seis mil quinientos parados más en Zamora que el año pasado es una tragedia que no nos merecemos.
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