M. PRIETO PEROMINGO.
Sin querer poner demasiadas ironías, las informaciones de materia económica que llegan desde las lindes gubernamentales, de sus componentes y, si fuera preciso, también de la progenitora que nos trajo al mundo a cada uno de nosotros, no pueden ser más "acongojadoras". E importan poco en estos asuntos las encuestas, blancas o tintas, que dicen si nos caen mal o bien los políticos. Así, mirando por encima, se nos viene al suelo el alma sólo con el paro, del que dicen ya que llegará al once o doce por ciento; será el quince al menos. Más de tres cuartos del superávit que se tenía ahorrado por el gobierno se ha ido a hacer gárgaras. La Bolsa vemos cómo anda, derrengada y en un suspiro constante, sin poder levantar cabeza y, si la levanta en algún momento, es para caer más poco después. El IPC, incremento de precios al consumo, se convierte en un "ascenso a la sorpresa de los consumidores ofuscados" (ASCO). La congelación de los altos cargos, tanto en el PSOE como en el PP, se produce después de haber creado cargos con un alto porcentaje de más para poder bajárselo sin que entre en menoscabo la bicoca y para que parezca que ellos, los políticos, también sufren. Lo de la subida de las hipotecas, el crecimiento cero de nuestra economía confirmado por Solbes, el empobrecimiento progresivo generalizado, la continua subida de precios de artículos imprescindibles y de primera necesidad, la paralización de las empresas de la Construcción, según vamos viendo, y el deterioro paulatino de la sociedad, con otras bagatelas de menor importancia, se dejan en estudio para después, para cuando Zapatero y F. de la Vega y tal y cual, vengan de vacaciones; para entonces tal vez ya no haya posibilidad de arreglar este idílico edén desesperado que será España, jardín de Jauja sobre todo para ricachones, políticos, señorías, partidos, bandos y bancos, pero no para la mayoría, que no hace más que estar insatisfecha y que, como multitud que es, manejable e ingenua según indican las fuentes más conspicuas, acepta protestando y criticando (¡sí, pero sólo eso!) lo que hacen los distintos equipos gubernamentales y sus acólitos, y todo ello sin que la oposición reaccione con garra, porque no quiere o no le interesa o le va muy bien con estas cositas o tiene que dedicarse a arreglar sus entuertos íntimos.
Y para más escarnio, "votamos y bien sabemos lo que hacemos y el pueblo es soberano y más sabe la gente que los sabihondos repelentes de los medios", -así dicen eufóricos-. Por eso, aún así, los seguiremos votando?, porque son optimistas ¡sí, señora y sí, señor!; con eliminar los funerales de Estado, reducir unas miajas los sueldos de los altos cargos, frenar a Ibarretxe, dar riendas al aborto y estimular la eutanasia y controlar a los emigrantes lo arreglan todo. Aunque alguien debería explicar cómo, con estas cosas y otras de parecido calado, puede arreglarse el desaguisado social y sobre todo económico que tenemos montado en estos momentos. Claro que el optimismo vende mucho? El pesimismo es malo, por supuesto; pero un optimismo exagerado e irreal es nefasto, nocivo, funesto e insensato. Y ¡a saber después qué reacciones puede ocasionar! Total en Zamora, el Ayuntamiento se ha contagiado y asegura Angel Luis Crespo que 14 millones de euros de deuda bancaria son asumibles? Pues ¡qué bien!, sigamos así?