RODRIGO ALISTE
A Gustavo de Arístegui, candidato cunero del PP al Congreso, le debemos los nativos de esta tierra el empujón definitivo al proceso de internacionalización de Zamora. Loado sea el diputado del PP, que en entrevista publicada el pasado martes en este periódico asegura haber hablado de Zamora -se supone que bien, que para maldecir del terruño nos bastamos los de casa- en Time, Newsweek, la BBC y Le Figaro.
Ahora, y gracias a Arístegui, ya podemos considerar a esta provincia parte destacada de la aldea global: después de siglos de historia en que apenas habíamos sobrepasado el perímetro del recinto amurallado para asistir, en coros y danzas, a la Europeade, llega el candidato campeador y de rebote para situarnos, sin duda con todo merecimiento, en el mapa efectivo de la globalización.
Y en ésas estamos. Ahora somos conocidos a nivel internacional por el vino de Toro, el queso de oveja, la ternera de Aliste, los habones de Sanabria, los garbanzos de Fuentesaúco y los desvelos mediáticos del diputado cunero. Lo cierto es que me parece a mí que más que salir en Newsweek o en Le Figaro, a Zamora lo que le interesa y le conviene es aparecer con más frecuencia en el Bocyl y en el Boletín Oficial del Estado. Ahí es donde nos tiene que meter Arístegui y los que le acompañen al Congreso y al Senado a partir del 9 de marzo a lomos cómodos de las siglas del PP y del PSOE. Y por vía de urgencia, antes de que nos tengan que sacar en todas las televisiones del mundo por un ataque colectivo de inanición o porque quedemos cuatro picando granito, convertida Zamora en una reserva de apaches celtíberos.
Yo no sé si desde que aterrizó por Zamora en caída libre paracaidista Gustavo de Arístegui, experto en cuestiones internacionales, se ha dado una vuelta por Gaza. ¿La de al lado de Cisjordania y del conflicto palestino-israelí ? No, hombre, ésa no: me refiero a la central lechera que lleva las siglas Ganaderos Zamoranos. Sepa el candidato popular o pepero que aquí en Zamora, cuando nos ponermos, nos gastamos muy mala leche y le hacemos al más pintado un traje de embajador.