RAMON M. CARNERO
Algo se mueve en Sayago y, además, alrededor de todo un símbolo como es la vaca sayaguesa cuyo devenir en la historia es paralelo al de los naturales, lo mismo que su futuro, negro como la piel del animal. Sacudirse el peligro que amenaza a ambos pasa porque el segundo cambie los roles. Si a lo largo de milenios, buscando la protección de los dioses, del cielo, del propio espíritu del animal divinizado, lo sacrificaba simbólicamente en efigie, tal vez junto a alguna representación en piedra, después de que la vaca había sacrificado a su vez una efigie, un pelele, que representaba al propio sacrificador -ritual que se conserva la celebración de la vaca de carnaval-; hoy es necesario que se vierta su sangre como tributo a su supervivencia, también de ambos, y que su carne sea apreciada por las excelencias que le da la tierra.
Ese es el empeño de la Asociación Zamorana de Criadores de Raza Sayaguesa.
A la brasa, a la plancha, guisada, solomillo... Es el camino que tiene que seguir la vaca sayaguesa. En ese empeño de los criadores juega un papel fundamental la colaboración de los establecimientos hosteleros de la zona.
Pero ese diamante de placer para el paladar, que es la ternera sayaguesa, necesita que se pula más, que se le saquen más caras. Y la única fórmula es cambiándole el gusto al consumidor inventando nuevos platos y darlos a conocer fuera de Zamora pero no para venderla fuera, sino para que la gente venga a comerla aquí para que genere más riqueza en la zona. La gente tiene que saber que existimos y que puede comer carne sayaguesa. ¿Por qué tenemos que esperar diez años? Es demasiado tiempo. Son ideas que expusieron algunos de los asistentes al foro y degustación.
Se van dando los primeros pasos. Pero estos encuentros, efectivamente, tienen que trascender la comarca. Y eso, hoy por hoy, suele suceder cuando se consigue que alguien con nombre, alguien con prestigio, alguien universal, algún sayagués de esos que hay regados por el mundo, hable allá donde va de las excelencias de la ternera sayaguesa. Es la mejor publicidad. Aunque -es cierto amigo Atxa- es un paso de gigante que cada establecimiento de la comarca ofrezca el producto.