FRANCISCO LARREY
Nadie podía imaginar que, en unos pocos días, la marca líder mundial que había desbancado a todos los fabricantes en los EE UU y se había ganado uno de los primeros puestos en Europa se iba a encontrar contra las cuerdas de la mala imagen, los pleitos y los múltiples problemas. Los fallos en el acelerador, el freno y la alfombrilla han llevado a la empresa a llamar a revisión a 8,5 millones de vehículos en todo el mundo, 1,8 millones en Europa, de los que 100.000 han tocado en España y la marca espera revisar en los próximos 60 días. Las ventas de Toyota en España en el 2009 rondaron las 50.000 unidades, lo que da una idea de la magnitud del problema, si bien hay llamados a la revisión vehículos fabricados en 2005, 2006, 2008 y 2009, cuyos modelos son Aygo, iQ, Yaris, Auris, Corolla, Verso, Avensis y RAV 4. Si por un lado el coste aproximado es de unos 1.500 millones de euros, sin contar con los procedimientos más que probables que se preparan en EE UU, ya que hay una decena de muertes que se atribuyen a sus fallos, seguramente será mayor el de daños en las ventas dado el impacto sobre su imagen y la tardanza de su presidente, Akio Toyoda, en dar la cara y prometer sinceridad a partir de ahora.
Las disculpas y promesas a los clientes son importantes, pero el comprador es miedoso por naturaleza y habrán de convencerle a base de argumentos sólidos, incentivos importantes y tiempo. Los datos más halagüeños apuntan a un retroceso al tercer puesto en los EE UU. El problema será a largo plazo y dependerá de la capacidad de sus directivos para que el comprador no se cuestione aspectos como la calidad o la seguridad, que podrían salpicar a más fabricantes. La vorágine de novedades que se han lanzado en los últimos años para hacer frente a la feroz competencia que existe y abrirse un hueco en el mercado ha podido ser la causa de los fallos en los accesorios que se montan en los automóviles, cuyos fabricantes no siempre reconocen en cuanto los detectan. El recién llegado vicepresidente de Toyota para España, Jacques Pieraerts, se ha encontrado con la papeleta más dura de su carrera y sabe que le esperan unos meses muy complicados y de vital importancia para la imagen de la marca.